Escritas en griego por un emperador romano e intelectual que no tenía intención alguna de publicarlas, estas píldoras de sabiduría práctica, repletas de encanto y expresividad, han sido consultadas y admiradas por estadistas, pensadores y lectores de a pie durante casi dos mil años. Aunque Marco Aurelio los compuso para comprenderse a sí mismo y dar sentido a su vida, estos ejercicios espirituales trascendieron ese fin y se consideran una de las más grandes obras de la historia de la filosofía. Pero, además, esta lectura enormemente placentera nos ayudará a consolidar nuestra fortaleza interior y a protegernos del desorden de nuestras pasiones y de los peligros de nuestros errores.
Este libro ofrece al lector en lengua española el primer comentario integral a los célebres Tres discursos para ocasiones supuestas de Søren Kierkegaard.
Ángel Enrique Garrido Maturano no articula esta tarea por los senderos previsibles: no elabora un estudio filológico, asentado sobre las bases de la vieja crítica textual, que sea rico en detalle positivos sobre fuentes, influencias, varian- tes, etc.; pero tampoco nos ofrece –a contracorriente de ciertas lecturas de los textos del filósofo danés– un relato edificante, confesionalmente concernido, sobre una cierta modulación del cristianismo por la que se abogaría.
La intención del autor es, por el contrario, ente- ramente filosófica: su lectura indaga, de modo fenomenológico y no confesional, en las tres situaciones decisivas de la existencia con las que se confronta –y nos confronta– el pensamiento de Kierkegaard: el tener que reconocerse a sí mismo tal cual uno es, expresado en la confesión, el amor al otro tal cual ese otro es, expresado en el matrimonio, y la muerte inexorable.
A principio de los años treinta, los comunistas ortodoxos tomaron erróneamente a Weil por «trotskista». Sintió aprecio por el hombre, incluso cierta admiración, pero rechazaba el fondo de su idea de revolución, sus análisis y sus estrategias políticas. El desacuerdo se manifiesta, además, en lo referente a la situación de Alemania en 1933 y especialmente frente a la ambigu¨edad de los socialdemócratas y la pasividad de los comunistas ante el ascenso del nazismo. Al contrario que Trotski, Weil sospechó que el establecimiento de los nazis en el poder sería duradero. Por lo demás, como es sabido, tampoco se hacía ilusiones respecto a la naturaleza totalitaria del régimen bolchevique. Por todo ello, los textos que componen este breve volumen aportan matices necesarios para comprender la esencial vocación política del pensamiento de Simone Weil.
La milla extra es una historia real sobre un viaje caritativo en bicicleta a través de Sudamérica que cambió una vida. Evan, un artista de alabanza estadounidense y ciclista principiante, se embarcó en una difícil misión que lo desafiaría más que nunca. Lo hizo con un equipo que incluía a dos ciclistas paralímpicos, ambos con una pierna. El viaje estuvo repleto de percances, planes desordenados y fue mucho más duro de lo que Evan pensaba.
Sin embargo, La milla extra es algo más que un paseo en bicicleta y afrontar las pruebas de viajar desde la costa pacífica de Chile hasta la costa atlántica de Argentina. A lo largo de esos mil kilómetros, Evan vio que Dios estaba obrando de manera poderosa. ¡Vidas estaban siendo transformadas frente a sus ojos!
Una ventana privilegiada a los mecanismos del poder y la comunicación política en el Barroco español.
Manuel Rivero Rodríguez nos sumerge en el mundo de la propaganda política del Barroco a través de tres biografías del conde duque de Olivares, encargadas y supervisadas por el propio valido para moldear su imagen pública durante el reinado de Felipe IV, y que evolucionan con la fortuna política de su protagonista: desde los Fragmentos históricos de Juan Antonio de Vera y Zúñiga (1628), que presentan a un Olivares modesto y dialogante en sus primeros años de gobierno; pasando por el Retrato del privado cristiano político de Virgilio Malvezzi (1635), que lo muestra como estadista ejemplar en tiempos de aparente éxito; hasta el desesperado Nicandro (1643), último intento por defender su reputación tras los desastres de Cataluña y Portugal que precipitaron su caída.
Irak es una herida abierta. Jon Sistiaga, reportero de guerra, narra los pormenores del conflicto y la muerte de su compañero, el cámara de Telecinco José Couso.
Testigo de la guerra de Irak, Jon Sistiaga relata su experiencia, incidiendo especialmente en la crónica de la muerte de su compañero y amigo José Couso, a quien asistió hasta el último momento.
Con pulso ágil, espíritu sincero y voluntad de independencia, profundiza en la peculiaridad de la guerra irakí, en la vida cotidiana de sus habitantes y en el influjo que sobre ello sigue ejerciendo la dictadura de Sadam, al tiempo que desmitifca el oficio de periodista de guerra. La muerte de Couso ocupa un lugar central en la obra, y desde él se nos cuenta con emotividad y precisión la secuencia de hechos, el traslado, la hospitalización, el fatal desenlace y la reacción de las autoridades españoles ante una asesinato que aún no se ha esclarecido.