«Lo quiero todo de la vida, quiero ser mujer y quiero ser hombre, quiero tener muchos amigos y gozar de la soledad, quiero trabajar mucho y escribir buenos libros, quiero viajar y pasarlo bien, quiero ser egoísta y quiero ser generosa», dijo Simone de Beauvoir en una carta a su amante Nelson Algren. Desde su infancia, en una época en la que a las mujeres no se les permitía estudiar, votar o elegir su profesión, hasta convertirse en una de las pensadoras más influyentes de todos los tiempos, Simone se embarcó con pasión en la gran aventura de ser ella misma. La filósofa y escritora existencialista, que se declaró comunista y atea, que formó con Sartre una pareja mítica, pero que decidió no casarse ni tener hijos, y que trató de entender qué significa ser mujer, sigue siendo un icono incontestable del feminismo y una fuente de inspiraciónpara una legión de lectoras. Las premiadas Julia Korbik y Julia Bernhard retratan a la autora de El segundo sexo como hija, amiga, amante: una intelectual que lo quiso todo de la vida y exploró como nadie lo había hecho antes en la condición femenina, la sexualidad, la libertad y las distintas maneras de amar.
Teodoro de Sykeon fue un monje bizantino nacido en 530 y que vivió en Galacia (Asia Menor), donde también murió en 613. Hijo de una prostituta que prestaba sus servicios en la posta imperial de la localidad, se distinguió desde su juventud por las duras disciplinas a las que se sometió y por sus excepcionales dotes como exorcista. Pasó toda su vida luchando contra el demonio y liberando a personas, animales y hasta las cosechas de las enfermedades y males causados por el maligno, lo que le proporcionó una enorme popularidad. Consagrado obispo de una ciudad vecina a los dieciocho años, su fama hizo que fuese llamado varias veces a la capital del Imperio, Constantinopla, así como a otras ciudades, incluida Jerusalén, para poner sus dotes de exorcista al servicio de emperadores, patriarcas y altos cargos de la corte.
Mistral. Una vida es la biografía más completa hasta la fecha de una poeta esencial de la literatura moderna. Elizabeth Horan, reconocida especialista en la premio Nobel, reconstruye sus pasos a partir de la lúcida revisión del archivo personal de la autora, cuya impresionante correspondencia le permite indagar en sus errancias, dolores y pasiones, pero sobre todo en su carácter incomparable. Su infancia en Elqui, sus afectos y alianzas clave, sus años como profesora en distintas ciudades de Chile, sus vínculos con Argentina, su relación íntima con Laura Rodig, su temprano contacto con Neruda y otros destacados escritores y políticos chilenos son expuestos con detalle en este proyecto colosal.
Una investigación minuciosa de largo aliento que muestra aspectos poco conocidos de la biografía de Mistral y repasa sus vicisitudes así como el trato con su círculo más cercano. Un título imprescindible para redescubrir a esta gran autora chilena que se revela ante todo como una férrea voluntad, como alguien que supo moverse con astucia y firmeza en un mundo adverso para llegar a ser quien se propuso.
Francesco Petrarca es una de las cumbres de la cultura occidental. Su legado intelectual, inmenso en su tiempo, supuso el origen de lo que todavía hoy entendemos por Humanismo. Pero, además de un gran filólogo y estudioso incansable de los clásicos, Petrarca fue también un hombre apasionado por la política de su tiempo, un católico devoto en constante reflexión sobre la virtud propia y ajena, un aspirante a filósofo cristiano —Platón, Séneca y san Agustín fueron sus grandes maestros— y, cómo olvidarlo, un poeta único, cuya huella en la literatura europea perduró durante siglos y aún hoy nos cautiva y condiciona.
Este libro recorre los avatares y las máscaras de esa figura, su trayectoria intelectual y las paradojas de su posteridad a partir de cuatro espléndidos y sabios textos de Francisco Rico, miembro de la Real Academia Española desde 1987 y el más insigne petrarquista de nuestro tiempo.
Antes de que Picasso se convirtiera en Picasso, el icónico artista que es hoy una de las figuras más destacadas del mundo, la policía lo tenía bajo constante escrutinio. En medio de las tensiones políticas de la primavera de 1901, los servicios de seguridad le señalaron como anarquista. Esta se convertiría en la primera de las muchas entradas que llegarían a formar un extenso expediente policial.
Aunque no tardó en convertirse en el líder de la vanguardia cubista ni en lograr grandes retribuciones por sus obras a medida que su reputación crecía en todo el mundo, el arte de Picasso quedó excluido en gran medida de las colecciones públicas en Francia durante unas cuatro décadas. Al genio que concibió el Guernica como una declaración visceral contra el fascismo en 1937 se le negó la ciudadanía francesa incluso tres años después, en vísperas de la ocupación nazi. En un país en el que la policía y la conservadora Academia de Bellas Artes representaban dos de los principales pilares de la oligarquía de la época, Picasso se enfrentó a un triple estigma: el de extranjero, ideólogo radical y artista de vanguardia. Un extranjero llamado Picasso aborda la carrera y la obra del artista desde un ángulo completamente nuevo, basado en unas extensas fuentes de archivo que, a pesar de ser fascinantes, se han desoído durante demasiado tiempo.
En esta innovadora narración, Picasso emerge como un artista adelantado a su tiempo tanto estética como políticamente, un artista que ignoró las costumbres nacionales en favor de las formas cosmopolitas contemporáneas. Eligió el sur antes que al norte, las provincias a la capital y los artesanos a los académicos, al tiempo que alcanzaba una gran fama.
A Arturo Barea se le ve a menudo como un escritor espontáneo, apasionado contra la injusticia. En realidad, trabajaba sus escritos con cuidado y tenía un claro objetivo dual, tanto personal como político. Escribía la historia de su propia vida para intentar entender su crisis nerviosa en 1937 durante el sitio de Madrid y a la vez para mostrar las causas subyacentes de la Guerra Civil. Con percepción aguda, este chico autodidacta de Lavapiés, un barrio obrero de Madrid, que dejó la escuela con trece años, plasmó «lo que había olido, visto, palpado y sentido» en los tres tomos de su novela autobiográfica, La forja de un rebelde. Y al hacerlo retrató la sociedad española de las cuatro primeras décadas del siglo XX. Exiliado en Inglaterra durante los últimos 18 años de su vida, Barea publicó varios libros más. De hecho, el exilio le hizo escritor. Destacan sus ensayos de crítica literaria, Unamuno y el excelente Lorca, el poeta y su pueblo. Además, a diferencia del mundo de los sentidos que recrea en la trilogía, analizó las raíces de la ideología de Franco en Lucha por el alma española.