Las Cartas de la prisión de Rosa Luxemburgo abarcan más de dos décadas –de 1896 a 1919– y componen el retrato íntimo y político de una mujer excepcional: revolucionaria marxista, pensadora libre, observadora incansable incluso tras los muros del encierro. Desde contextos históricos diversos y distintas prisiones, Luxemburgo escribe con una claridad fulgurante sobre política, pero también sobre literatura, naturaleza, amistad, amor y deseo. A veces se sorprende de su propia fortaleza: de ese impulso vital que persiste, incluso en condiciones extremas, en un cuerpo frágil y castigado. Y, pese a todo, conserva intacta su capacidad para percibir la belleza. Mira el mundo con una mezcla única de ternura, ironía y obstinación. Esta edición, cuidadosamente prologada, recupera una voz compleja y libre, que se resiste tanto al olvido como a la mitificación. Leer hoy estas cartas no es solo un gesto de memoria: es una declaración. Porque Rosa Luxemburgo aún nos interpela con su alegría radical, su ética insobornable y su defensa feroz de la libertad.
De la Grecia arcaica a la caída del Muro de Berlín, de Aristóteles a Žižek, de Hipatia a Hannah Arendt nos separa una larguísima carretera y muchas formas de recorrerla.
Pocas serán tan agradables y estimulantes como esta: una historia de la filosofía contada a lomos de una Harley, con perspectiva de género y a ritmo de rock and roll para quienes nacieron en la frontera entre lo analógico y lo digital. Una carretera cuyos paisajes son las ideas de los grandes filósofos y que traza su historia a lo largo de los siglos hasta la actualidad.
Con un estilo tan fresco como riguroso, y escrito por una de las divulgadoras de filosofía más populares de nuestro país, este ensayo nos invita a subirnos a una moto desde la que descubriremos lugares poco conocidos de los mapas del pensamiento que nos ayudarán a afrontar problemas contemporáneos echando mano de la sabiduría del pasado.
Ningún hombre es una isla, dijo el poeta. Pero una isla puede convertirse en las personas que la han buscado, imaginado, padecido o conquistado. Envueltas por el mar, esa metáfora del infinito, en las islas la experiencia humana alcanza sus más altas cotas de utopía y barbarie. Como un explorador antiguo, Ernesto Franco propone en este libro anfibio —mitad verdadero y mitad fantástico— un fascinante islario donde confluyen la novela de aventuras, el tratado antropológico, la historia natural y la crónica bélica. Y lo hace a través de los relatos hipnóticos que va desgranando el Pilota, un lobo de mar aficionado al ron y al tabaco que posee la sabiduría de aquél que ha surcado todos los océanos y desembarcado en todos los puertos.
Como quien encuentra un mensaje en una botella confiado al capricho de las aguas, el lector hallará en estas páginas un compendio inagotable de fábulas isleñas: el mito del laberinto de Creta; el misterio de las estatuas de la Isla de Pascua; las correrías de los piratas en Tortuga; las fugas imposibles de Alcatraz; el asombro de Darwin en las Galá-pagos… Y descubrirá que las islas no son sólo puntos en un mapa sino un territorio de la mente, una invitación al viaje a través de las palabras y la fantasía.
La formulación dialéctica negativa atenta contra la tradición. Ya en Platón, la dialéctica quiere obtener algo positivo mediante el instrumento intelectual de la negación. más tarde, la figura de una negación de la negación designó esto lacónicamente. Este libro querría liberar a la dialéctica de semejante esencia afirmativa, sin disminuir en nada la determinidad. Devanar su paradójico título es una de sus miras. Nueva traducción de una de las referencias absolutas en la producción de Adorno, que en la presente edición está acompañada por La jerga de la autenticidad, según la concepción original del propio autor
«¿Qué significa, pues, la mirada cosmopolita? No el amanecer de la confraternización general de los pueblos, ni los albores de la república universal, ni una mirada mundial que flotara libremente, ni el amor al otro por decreto. El cosmopolitismo no es tampoco un suplemento que deba sustituir al nacionalismo y al provincialismo, y ello no porque la idea de los derechos humanos y de la democracia precise de un suelo nacional. La mirada cosmopolita quiere decir: en un mundo de crisis globales y de peligros derivados de la civilización, pierden su obligatoriedad las viejas diferenciaciones entre dentro y fuera, nacional e internacional, nosotros y los otros, siendo preciso un nuevo realismo, de carácter cosmopolita, para poder sobrevivir.»
El hombre contemporáneo está gravemente enfermo. En el origen del «malestar de la civilización» está implícito el nihilismo imperante que Nietzsche instituyó a finales del siglo pasado. Frente a la ausencia del sentido que lo acompaña, encada paso del sometimiento técnico-científico del mundo, después de haber experimentado punzantes desilusiones, angustias y miedo, en el mundo actual se vuelve la mirada al «pasado remoto», en un deseo innato por retornar a las propias raíces culturales. El mundo contemporáneo ha redescubierto la sabiduría de los griegos, que de nuevo se impone como punto de referencia ineludible para quien pretenda construir la identidad propia. Este libro traza un minucioso itinerario por los males que aflijen al hombre contemporáneo, mostrando cómo la sabiduría antigua revela los métodos de «curación» del malestar actual. Esta terapia, tal vez, nos permita curar o, al menos, aliviar el dolor y la desesperación que nos invade.