Los ensayos que integran este libro tratan de extraer consecuencias de una teoría pragmatista acerca de la verdad. Esta teoría nos dice que la verdad no es la clase de cosa sobre la que quepa esperar una teoría que tenga interés filosófico.
"El deporte ha sido tema literario de todos los tiempos, desde los juegos fúnebres de Patroclo en la Ilíada, pasando por los torneos del Cantar de Mío Cid, a la obra de autores contemporáneos de todo el mundo. En El deporte en la literatura se cuenta como esta ha narrado la evolución del deporte desde Grecia y Roma a nuestros días, en una sociedad profundamente deportivizada. A veces el riquísimo lenguaje del deporte sirve como término de comparación para la literatura, y otras es el argumento conductor de una obra.
Una nación siempre tiene más de una voz, y España no es la excepción. País de contrastes, en permanente debate consigo misma y en continua construcción, ha albergado aspiraciones múltiples y contradictorias a lo largo de los siglos. Pese a la creencia extendida de que las divisiones internas tienen su inicio en el siglo xx, cuando un grupo de escritores acuñó la expresión «las dos Españas», desencantados por los fracasos políticos y militares, e imaginaron una nación escindida en dos: una España moderna, sinónimo de derrota y decadencia, y otra tradicional, identificada con un pasado de grandeza, liderazgo y esplendor, la realidad es que, como demuestra Henry Kamen, dicha fractura se originó en el denominado Siglo de Oro. Ya por entonces los españoles estaban profundamente divididos sobre aspectos fundamentales, como su destino como nación o el poder imperial.
La historia más urgente de la tecnología moderna no comienza en Silicon Valley, sino hace doscientos años en la Inglaterra rural, cuando los trabajadores conocidos como los luditas se rebelaron para no morir de hambre a manos de los dueños de las fábricas que usaban máquinas automatizadas para aniquilar sus medios de vida. Los luditas organizaron incursiones guerrilleras para destruir esas máquinas —bajo pena de muerte— y consiguieron el apoyo de Lord Byron, enfurecieron al príncipe regente e inspiraron el nacimiento de la ciencia ficción. Esta lucha de clases, casi olvidada, sometió a la Inglaterra del siglo XIX.
Hoy en día la tecnología pone en peligro millones de empleos, los robots abarrotan las fábricas y la inteligencia artificial pronto impregnará todos los aspectos de nuestra economía. ¿Cómo cambiará esto nuestra forma de vida? ¿Y qué podemos hacer al respecto? Las respuestas se encuentran en Sangre en la máquina.
Entre el verano de 1870 y la primavera de 1871, un periodo que Victor Hugo bautizó como el "Año Terrible", París fue sitiada, padeció una hambruna y hubo de rendirse al ejército alemán. A continuación, los republicanos radicales establecieron la Comuna, que fue aplastada tras sangrientas batallas callejeras y el incendio del centro de la ciudad. Como demuestra el prestigioso crítico de arte Sebastian Smee, ganador del Premio Pulitzer, fue durante estos tiempos tumultuosos cuando nació el movimiento impresionista, como respuesta a la violencia, la guerra civil y la intriga política.
El 12 de julio de 1776, el capitán James Cook, ya considerado el mayor explorador de la historia británica, emprendió su tercer viaje a bordo del HMS Resolution. Dos años y medio después, en una playa de Hawái, Cook fue asesinado a golpes y apuñalado en un conflicto con la población indígena. ¿Qué llevó a Cook a estos últimos momentos, tan contrarios a su reputación? Reconocido por su liderazgo humano, su dedicación a la ciencia y la curiosidad y el respeto, sin prejuicios, con los que se aproximaba a sociedades que le eran desconocidas, Cook ya había cartografiado vastas extensiones del Pacífico e iniciado el primer contacto europeo con numerosos pueblos indígenas.
La misión declarada para su tercer viaje era devolver a sus islas natales a un tahitiano, Mai, que se había convertido en una figura de la alta sociedad londinense. Pero Cook portaba órdenes secretas de aventurarse al norte, descubrir el legendario Paso del Noroeste y cartografiar y reclamar tierras antes que los rivales imperiales de Gran Bretaña. Y el propio Cook fue diferente en su último y fatal viaje.