Vivimos en la época del desánimo: lo cotidiano parece perder brillo y las promesas del progreso, la tecnología o la democracia no nos entusiasman como antes. Sin embargo, continuamos buscando el encanto de la vida.
El encanto compone una melodía en la que cada elemento encuentra su sitio, otorgándole a la vida otro tono, otro aire… descubrirlo en lo que hacemos es tan esencial como el acto de respirar. Se trata de una necesidad vital. Este libro examina las distintas formas de ese encanto perdido: nuestras relaciones digitales, las esperanzas puestas en la ciencia, el deseo de una sociedad más justa. Sin evitar las contradicciones, plantea una pregunta urgente: ¿es aún posible reencontrar el encanto del mundo?
Un relato épico de la gesta que cimentó el primer Imperio global de la historia.
Esta es la historia de los intrépidos españoles que tras el descubrimiento de América se lanzaron a surcar un nuevo océano -al que llamaron Pacífico- y lograron asentarse en las islas Filipinas, estableciendo un enclave único: un encuentro entre Oriente y Occidente sin precedentes con culturas como la china o la japonesa.
Elcano, Loaysa, Legazpi o Urdaneta son algunos de los nombres que pasaron a la historia, pero junto a ellos también navegaron quienes, sin figurar en los libros, buscaron fortuna o simplemente sobrevivir: carpinteros, pilotos, grumetes, soldados, escribanos, religiosos, agricultores, artesanos, comerciantes... A lo largo de estas páginas conoceremos sus aventuras, no exentas de peligros, desafíos y desdichas, pero también de hazañas sin igual. Viajaremos con ellos a través del increíble proceso sociocultural que supuso establecerse en un lugar tan remoto y diferente, con un análisis exhaustivo que nos ayude a comprender la epopeya que allí se vivió en una época histórica incomparable.
La primera obra que explica qué pasó realmente en la hambruna española de posguerra.
El régimen de Franco tuvo una vida suficientemente larga como para construir mitos y esculpir silencios. Uno de los mayores tuvo que ver con los llamados “años del hambre”: la larga posguerra (1939-1952) que marcó la vida de los españoles tras la guerra civil española. Con una economía estancada y una miseria generalizada, la dictadura culpó de ello a los desastres de la guerra, al aislamiento internacional y a la supuesta “pertinaz sequía”. Este libro desmonta las justificaciones del franquismo, pero además descubre uno de sus mayores secretos: en algunos de aquellos años tuvo lugar una hambruna devastadora (1939-42 y 1946) que acabó con las vidas de más de 200.000 españoles. Al igual que sucediese con otras hambrunas europeas de la época de entreguerras, la hambruna de Franco estuvo provocada por factores políticos relacionados con la economía adoptada, la cercanía al Eje en la II Guerra Mundial, a la existencia de un régimen dictatorial y a la corrupción generalizada.
¿Cómo puede establecerse hoy un nuevo tipo de dictadura? Onfray identificó siete vías: destruir la libertad; empobrecer el lenguaje; abolir la verdad; suprimir la historia; negar la naturaleza; propagar el odio; aspirar al Imperio.
Cada uno de estas vías se compone de acciones concretas:
- Para destruir la libertad, hay que: asegurar la vigilancia perpetua; arruinar la vida personal; suprimir la soledad; regocijarse en las celebraciones obligatorias; uniformizar la opinión; denunciar el crimen de pensamiento.
- Para empobrecer el lenguaje, hay que: utilizar un nuevo lenguaje; emplear un doble lenguaje; destruir las palabras; oralizar el lenguaje; hablar una sola lengua; acabar con los clásicos.
- Para abolir la verdad, hay que: enseñar ideología; utilizar la prensa en beneficio propio; difundir noticias falsas; producir realidad.
- Para abolir la historia, hay que: borrar el pasado; reescribir la historia; inventar la memoria; destruir los libros; industrializar la literatura.
- Para negar la naturaleza, necesitamos: destruir el impulso vital; organizar la frustración sexual; higienizar la vida; procrear médicamente.
- Para propagar el odio, necesitamos: crear un enemigo; fomentar la guerra; psiquiatrizar el pensamiento crítico; acabar con el último hombre.
- Para aspirar al Imperio hay que: formar a los niños; administrar a la oposición; gobernar con las élites; esclavizar mediante el progreso; ocultar el poder.
¿Quién puede decir que no estamos ahí?
Insisten en que son solo un grupo de amigos, pero canalizan millones de dólares a través de corporaciones libres de impuestos. Afirman desdeñar la política, pero los congresistas de ambos partidos los describen como la organización religiosa más influyente de Washington. Dicen que no son cristianos sino simplemente creyentes. Detrás de cada Desayuno Nacional de Oración desde 1953 han estado ellos: una red de élite entregada a una religión de poder para los poderosos, un evangelio del capitalismo bíblico, el poder militar y el imperio estadounidense. Son la Familia, la vanguardia del fundamentalismo, que libra una guerra espiritual en los pasillos del poder estadounidense y en todo el mundo. Se consideran los nuevos elegidos: congresistas, generales y dictadores extranjeros que se reúnen en celdas confidenciales para orar y planificar un liderazgo dirigido por Dios, que se ganará no por la fuerza sino mediante una diplomacia silenciosa. Su base es una finca frondosa con vistas al Potomac en Arlington, Virginia, y Jeff Sharlet es el único periodista que ha informado desde dentro de sus muros. La Familia es aproximadamente la otra mitad del poder fundamentalista estadounidense: no sus masas enojadas, sino sus élites sofisticadas.
Cuanto más solemne y alta sea la cumbre que se quiere alcanzar, más divertidas y duras serán las caídas. Sobre todo si los alpinistas que quieren completar los 40.000 metros de la montaña más elevada del planeta son:
- Un médico que siempre está enfermo.
- Un guía experto en orientarse que siempre se pierde.
- Un lingüista que jamás entiende qué le dicen.
- Un animador desanimado. Un jefe a quien nadie (menos mal) hace caso. Y decenas de botellas de champán (con fines medicinales).