¿De verdad el vídeo mató a la estrella de la radio, como sentenciaba la canción de los Buggles? No, simplemente la desplazó a otro lugar. Este libro reivindica la radio como compañía, como inspiración, como ventana al mundo que combina lo íntimo y lo universal.
La radio que ponemos cada mañana para aterrizar en la realidad mientras preparamos el café; la radio que fue el único contacto con el exterior de Ana Frank y su familia mientras permanecían ocultos; la radio que Walter Benjamin vislumbró como patria común imaginaria, hecha de multitud de voces y silencios…
La prueba principal de la existencia de Dios, yace en el he-
cho de que, nada sucede a no ser que algo lo cause, así mismo,
los bizcochos no desaparecen del envase, a menos que los dedos
de alguien se los lleven, y un nogal no brota del suelo, si antes
no cayó allí una nuez. Los fi lósofos enuncian este principio,
diciendo que “cada efecto debe tener una causa”.
La gente está buscando respuestas a la confusión, la enfermedad moral y el vacío espiritual que oprime al mundo. Todos estamos clamando por dirección, por consuelo, por paz. ¿Hay alguna salida para nuestro dilema? ¿Podemos verdaderamente encontrar paz con Dios? ¡Sí! Pero sólo si la buscamos en el lugar correcto.