El evangelio es como un hombre que sale a vender seguros. Cada día sale con sus sueños, conoce personas, le habla de su producto, de como necesita un seguro y de que afiliándose a la compañía puede recibir beneficios y tener un futuro mejor.
El vendedor, le habla de su experiencia y de como su producto puede cambiarle su vida, así como lo hizo con él.
Así es el cristiano que sale cada día con su corazón lleno de amor a compartir y cumplir el mandato: ‘‘Id por todo el mundo y compartir el evangelio’’. Al hablar a todos de su fe, de como Jesús lo perdonó y lo salvó; de sus riquezas en gloria y de que un día volverá por los suyos. Llama a que se arrepientan y le acepten como su salvador.
No importa que el mundo te desprecie, Dios te ha prometido que estará contigo todos los días hasta el fin del mundo. ¡Comparte el evangelio! ¡Cristo viene!
Hemingway necesitaba un éxito. Martha Gellhorn quería vivir peligrosamente. Barea sentía que su vida era una contradicción. Ilsa Kulcsar vivía para sus ideas. Gerda Taro y Robert Capa querían olvidarse de su pasado. Los seis, cada uno con su equipaje y su modo de mirar, llegan a Madrid y pasan por el hotel Florida, donde se reunían los periodistas extranjeros, los fotógrafos, los espías, los militares, bajo el estruendo de las bombas, en una guerra que los cambió a todos para siempre.
Hotel Florida no es un estudio académico ni una ficción. Es una reconstrucción basada en cartas, diarios y memorias, documentos oficiales, películas, biografías, historias y noticias de la época. Un gran fresco de la Guerra Civil española, día a día, personaje a personaje. Una guerra sobre la que se han escrito cientos de libros, pero ninguno como este.
Nuevo pensamiento
El hombre es presencia y voluntad en el mundo material: una esencia que absorbe conceptos para forjar una conciencia de evolución dimensional. En el flujo del día a día, sus acciones y pensamientos generan la fluidez necesaria para digerir la realidad, moldeando su conciencia hasta alcanzar la madurez intelectual y espiritual.
Desde el momento en que existe, el ser humano está sujeto a movimientos naturales que lo impulsan a evolucionar en cuatro dimensiones fundamentales: la material, la emocional, la intelectual y la espiritual. Cada una posee sus propios valores y estimula un campo de desarrollo específico: la tecnología, el arte, la ciencia y la espiritualidad. Bajo esta premisa, el hombre es materia, psique, intelecto y espíritu; componentes que le permiten dar forma a sus propios mundos, pues nadie puede percibir un concepto que no forme parte de su conciencia, ni alcanzar una dimensión que le sea ajena.