¿La Revolución rusa fue la consecuencia directa de las decisiones del zar Nicolás y del gobierno provisional de Alexander Kerensky? ¿O fue un proceso impulsado por los obreros y campesinos, que nunca imaginaron la dictadura bolchevique que impondrían Lenin y sus sucesores?
Resultado de toda una vida dedicada al estudio del gigante del este, Robert Service nos ofrece en este libro un esclarecedor y vívido relato del tortuoso camino que siguió Rusia durante la Primera Guerra Mundial, la Revolución y la posterior guerra civil, que desembocó en el establecimiento de un régimen soviético totalitario destinado a perdurar siete décadas. Protagonistas de altura como Nicolás II, Kerensky y el propio Lenin ocupan un lugar central en estas páginas.
Aquello que destaca, sin embargo, es cómo su autor enriquece la narración gracias a diarios poco conocidos de ciudadanos de a pie, como el campesino Alexander Zamaraev, el suboficial Alexei Shtukaturov o el contable Nikita Okunev. Sus testimonios nos ayudan a entender cómo vivió la sociedad del momento las profundas y problemáticas transformaciones que se sucedieron durante los años previos y posteriores a las revoluciones de febrero y octubre de 1917.
Barbara W. Tuchman dirige su mirada al nacimiento de los Estados Unidos a través de un gesto simbólico y decisivo: la primera salva de honor que una potencia extranjera dedicó a la bandera estadounidense. El episodio, ocurrido en 1776 en la isla caribeña de San Eustaquio, sirve como punto de partida para una narración brillante y rigurosa de la Guerra de Independencia.
Lejos de un enfoque puramente nacional, Tuchman sitúa este conflicto dentro de un marco mucho más amplio que implica a Inglaterra, Francia y Países Bajos, demostrando cómo la ayuda política, económica y naval de algunas de estas potencias resultó esencial para el triunfo de las colonias rebeldes. Además, la autora traza un retrato memorable de George Washington y reconstruye con gran maestría narrativa la campaña decisiva de Yorktown.
La primera salva es un relato vibrante sobre el nacimiento de una nación y una obra imprescindible para entender la geopolítica del siglo XVIII.
«La publicación de este libro es una oportunidad para ofrecer una salva de veintiún cañonazos. Así que, por la sabiduría dispensada y el placer recibido, ¡disparen!» —Time
¿Cómo debemos estudiar la historia de nuestros saberes? ¿Se trata únicamente de la historia de quienes produjeron el conocimiento, o también de quienes lo han recibido y asimilado? Tradicionalmente, la historiografía de la ciencia ha incurrido en ciertos prejuicios a este respecto. Los relatos de la historia de la ciencia han prestado una atención exclusiva a los «héroes» o protagonistas de la investigación, dejando a un lado las llamadas «masas críticas» y, de manera particular, a los receptores del saber. En lo que a la historia de la filología respecta, es significativo que el historiador danés Barthold Georg Niebuhr considerara a Friedrich August Wolf como el «héroe epónimo» de la filología clásica, desde una perspectiva absolutamente romántica. Sin embargo, tan interesante como el hecho de que Wolf formulara conceptos capitales para articular su nueva visión historiográfica de las literaturas antiguas, también lo es el fenómeno relativo a la transferencia de tales ideas hasta lugares remotos. Este libro se hace cargo, desde distintas perspectivas y en diferentes ámbitos nacionales y culturales, del decisivo fenómeno de la transmisión literaria.