UN VIVO FRESCO HISTÓRICO SOBRE LA VIDA DE LOS CIUDADANOS DE UN IMPERIO.
A principios del siglo II d. C., Roma era el centro del mundo occidental. Allí eran evidentes el esplendor, el lujo y la belleza, pero también los aspectos más desagradables de la vida en una gran urbe. En esta gran obra, que marcó un antes y un después en los estudios latinistas, Jérôme Carcopino consigue trasladarnos a la Ciudad Eterna para vivir una jornada habitual y conocer, por un lado, a sus gentes, sus olores, sus sonidos y sus espacios familiares; y, por otro, su empleo del tiempo, tanto funcional como de ocio.
Para esta lúcida y apasionada reconstrucción de un momento histórico, Carcopino se apoya en autores clásicos de la época, como Petronio, Juvenal, Marcial o Plinio el Joven, además de infinidad de inscripciones arqueológicas y textos de todo tipo escritos entre los siglos I y II. El resultado es uno de los retratos más realistas que se han hecho de Roma.
Aunque en España el género biográfico ha tenido una larga tradición, hasta hace poco obedecía a un impulso hagiográfico y épico-nacionalista. La aparición de la colección Españoles Eminentes, de la mano de la Fundación March y la editorial Taurus, fue una apuesta por la referencialidad y la excelencia, que se propone explicar los valores trascendentes aportados por cada personaje presuntamente ilustre en nuestro pasado. La idea era que el discurso ideológico y moralista diera paso al funcionalismo en la lectura de los grandes personajes y reivindicar la complejidad de los ejemplos que se evocan, lo cual no quiere decir forzosamente "reproducir".
¿Qué hacer con el pasado? Quizá en ningún otro tiempo hayan competido tantas respuestas a esa difícil pregunta. Ante ella, la obra de Walter Benjamin señala una vía para el pensamiento y para la acción. Leída en confrontación con las de Ernst Jünger, Georges Sorel y Carl Schmitt -referentes mayores de la llamada revolución conservadora-, aparece como la de un revolucionario a contrapelo, un conservador de las tradiciones olvidadas. La memoria de las víctimas, nos dice Benjamin, puede ser nuestra mayor fuerza en la construcción de una política para la humanidad.