Creer, como concepto, es un misterio sin el cual no podríamos vivir. En un mundo lleno de certezas aparentes y dogmas rígidos, este libro nos invita a emprender el camino hacia la duda, la introspección y la búsqueda de una espiritualidad real.
Josué Moreno mezcla como nadie religión, filosofía, teología y práctica espiritual. Gracias a sus reflexiones y narrativas personales, en Dios y el misterio de creer el lector se planteará cuestiones acerca de la fe (tanto si es ateo, escéptico o religioso), la persecución de la verdad sin sesgos ni conclusiones precipitadas, o el acercamiento al concepto de Misterio a través de los grandes pensadores de la historia.
Se trata de un libro reflexivo, pero asequible y práctico. Esta obra desafía a abrirnos a la incerteza y a la observación desprejuiciada, y a descubrir una espiritualidad plena y, sobre todo, real.
Solo con el compromiso se combate la actual cultura de la indecisión, que nos paraliza en un modo de navegación infinita.
El compromiso decidido y cívico puede ser una fuerza poderosa en la era actual de la inquietud y la indecisión.
Muchos hemos tenido la experiencia de navegar por Internet sin ver finalmente nada, hemos perdido el tiempo entre una avalancha de opciones en redes sociales, hasta quedar empachados.
Este libro, que nace de un discurso de graduación que se hizo viral, denuncia el empeño actual de muchos en mantener abiertas todas las opciones. Quedamos así atascados en el modo de navegación infinita, sin comprometernos con una sola pareja, saltando de un lugar a otro en busca de la luz que más brilla y negándonos a tomar cualquier decisión que cierre nuevas opciones.
Esta cultura de la inquietud y la indecisión origina tensión y parálisis, y se combate mediante el compromiso.
En Free Play, Stephen Nachmanovitch propone una meditación magistral sobre cómo la improvisación se puede aplicar no solo al arte sino también a la vida y sobre cómo, al hacerlo, desbloquearemos nuestra creatividad.
«¿Cómo se aprende a improvisar? ¿O, en todo caso, cómo se aprende cualquier arte? ¿O cualquier cosa? Es una contradicción, un oxímoron. Ve y dile a alguien: “¡Sé espontáneo!”. O trata de que alguien te lo diga. Nos sometemos a maestros de música, de baile o de talleres literarios que pueden criticar o sugerir, pero lo que realmente nos piden es que “seamos espontáneos”, que “seamos creativos”. Y eso, por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo. ¿Cómo se aprende a improvisar? La única respuesta es otra pregunta: ¿Qué nos lo impide? La creación espontánea surge de lo más profundo de nuestro ser. Lo que tenemos que expresar ya está en nosotros, somos nosotros, de manera que la creatividad no es una cuestión de encontrar el material, sino de desbloquear los obstáculos para que fluya naturalmente.