El libro ilustra una serie de doctrinas constitucionales, es decir, de doctrinas que en distintas épocas han tomado la constitución como objeto propio, entendida ésta como ordenamiento general de las relaciones sociales y políticas. Releer estas doctrinas significa penetrar en el tejido vivo de la historia constitucional: desde la polis griega del siglo IV a.e. a través de los reinos, los territorios y las ciudades medievales, hasta los Estados nacionales y las democracias de los últimos siglos. En la Edad Moderna, que ocupa la mayor parte del ensayo, la reflexión sobre la constitución encuentra grandes novedades antes desconocidas: los poderes soberanos; las revoluciones y el poder constituyente; los derechos individuales, que precisamente se quieren garantizar por medio de la constitución, y los Estados nacionales y las democracias contemporáneas. Fioravanti no intenta narrar un suceso unitario, cuya historia pueda desarrollarse desde unos presuntos orígenes antiguos hasta los resultados actuales. Al contrario, narra una pluralidad de sucesos con el intento de reconstruir cada uno de ellos al significado que deriva de su pertenencia a un tiempo histórico preciso, con su propia originalidad y realidad específica. Sobre esta base cada lector valorará a su manera las conexiones que existen entre las distintas épocas y sentirá como más o menos actuales las soluciones ofrecidas en épocas incluso muy lejanas a la nuestra.
Diálogo que constituye sin duda una de las últimas obras de Platón (428-347 a.C.), "Las Leyes", obra redactada en doce libros, se ocupa a lo largo de sus páginas de la educación, de la historia, de los diversos modelos de constitución política y, en segundo lugar, de la ciudad regida por las Leyes -en las que considera el filósofo que subyace un elemento de racionalidad comunitaria que debería ser suficiente para que los ciudadanos las respetaran de buen grado-, así como del desarrollo de la vida en la ciudad platónica. La presente versión completa, junto con "La república", publicada también en esta colección, el gran díptico platónico en torno a la comunidad ideal.
Este ensayo supone un retrato apasionante de este personaje imprevisible, Juan Ramón Masoliver, excelente editor, premiado traductor Premio Nacional de Traducción, 1989, y crítico literario en La Vanguardia durante décadas. Para la autora, Juan Ramón Masoliver es la voz de un intelectual cosmopolita que se definió a sí mismo, por encima de cualquier etiqueta propia o ajena, como un animal de lectura, que dignificó el arte de la traducción, fue un apasionado dinamizador de la lectura, y defendió el oficio de editor como lector.