En 1932, la música, como las demás disciplinas artísticas, fue reducida a una única doctrina: la del realismo socialista. La finalidad del arte era servir al Estado. Los músicos tuvieron que someterse a la línea ideológica del partido. Algunos la sortearon como pudieron; otros, sin embargo, no se doblegaron, y sus obras fueron prohibidas, sus conciertos cancelados y ellos relegados al olvido. Eso sucedía en el mejor de los casos, porque en el peor se los destinaba a campos de trabajo en Siberia o simplemente eran ejecutados. Músicos de la altura de Dmitri Shostakóvich y Serguéi Prokófiev e intérpretes de fama internacional como Mstislav Rostropóvich, Sviatoslav Richter, David Oistrakh, Leonid Kogan y Mariya Yúdina fueron capaces de crear melodías sublimes en las circunstancias más hostiles y oscuras. Pero esa política represora no sólo se circunscribió a la música clásica. La Asociación Rusa de Músicos Proletarios (RAPM) se ocupó también de la música ligera. Era conocida la afición de Stalin por ese tipo de música, así que, en consecuencia, la represión fue menor que en la música y la literatura clásicas. Pero, con todo y con eso, los intérpretes no podían bajar la guardia.
Casi veinte años después de la publicación de su aclamado éxito La autoestima, Christophe André regresa con una reflexión profunda y renovada sobre este pilar psicológico esencial. Con un enfoque accesible y práctico, el autor nos invita a transformar nuestra autoestima en una presencia constante y sutil que nos permita vivir mejor con nosotros mismos, los demás y el mundo. «La autoestima no es solo cómo nos vemos o juzgamos, sino cómo nos tratamos. Debe ser una respiración para la mente: espontánea, natural y revitalizante. Algo que nos ayuda a vivir sin consumirnos en ella.»
Lo inesperado: las políticas antitabaco de un pequeño país al sur de América Latina encendieron las alarmas de las grandes empresas tabacaleras. En 2010, la poderosa Philip Morris puso en juego su arsenal de abogados en defensa de los intereses comerciales y demandó a Uruguay en una corte internacional. El juicio adquirió fama mundial. Se lo conoció como «la lucha de David contra Goliat». Este libro cuenta esa historia, pero va más lejos. Sus páginas son un recorrido por algunos hitos culturales del cigarrillo. Hablan del placer y la dependencia de un objeto que es parte de la memoria colectiva. También cuentan las historias de hombres y mujeres que alzaron sus voces en defensa de la salud, en tensión permanente con una industria que vende ilusiones. Con talento en la escritura y rigor en la investigación, Emiliano Zeccaofrece una mirada desde el periodismo narrativo, presentando hechos y protagonistas de modo tal que el lector pueda completar el puzzle desde su itinerario personal.