100 años después de la Marcha sobre Roma, Georgia Meloni llegó al poder en Italia. Cuando se cumplían casi 90 años del incendio ocurrido en el Reichstag, ante el asombro de medio mundo, el Capitolio de Estados Unidos fue asaltado por una turba de partidarios de Trump. 85 años después de la noche de los cristales rotos, cientos de bolsonaristas ocuparon el parlamento brasileño negándose a aceptar el resultado electoral. Y más de 78 años después de la victoria contra el nazi-fascismo en la Segunda Guerra Mundial asistimos a una verdadera eclosión global de las derechas radicales. Todo ello nos plantea algunas preguntas inquietantes: ¿Qué está detrás de esta emergencia global reaccionaria? Y, sobre todo, ¿se puede reeditar una suerte de totalitarismo neofascista en pleno siglo XXI? Este libro analiza en toda su complejidad la nueva ola de autoritarismo reaccionario de Trump a Milei que se ha ido extendiendo en gran parte del mundo durante estos últimos años. Para ello, parte del análisis de la crisis de largo aliento del capitalismo que, conjugado con la emergencia climática, configura un cóctel perfecto de malestar social. Para sorpresa de muchos, en especial de las izquierdas, este malestar se ha manifestado en una rebelión reaccionaria.
La revolución portuguesa del 25 de abril de 1974 acabó de manera pacífica con una larga dictadura, un régimen ineficaz anclado en la represión y en viejos delirios imperiales, gracias a la acción de trescientos capitanes idealistas, que pretendían democratizar Portugal y acabar con sus guerras coloniales en África. Los claveles en las bocas de los fusiles o la canción Grândola, vila morena, difundida como contraseña para iniciar el golpe, no tardaron en dar la vuelta al mundo. Muchos ignoran en cambio que aquella mañana de abril estuvo llena de momentos épicos que contribuyeron a consolidar el golpe en favor de las libertades. Este libro rescata historias como la del joven capitán Salgueiro Maia, que caminó con los brazos en alto y una granada en el bolsillo, listo para el sacrificio, hacia una batería de carros de combate que le apuntaban, o la del soldado que se negó a obedecer la orden de disparar contra él y que permaneció cuarenta años en el anonimato. Sobre episodios como estos se fundó la democracia portuguesa hace ahora cincuenta años.
Como un Dios ubicuo, los algoritmos están colonizando todos los ámbitos de la experiencia humana. Desde la estética de los restaurantes de moda hasta la creación literaria, pasando por las amistades, la música que escuchamos y los contenidos de TikTok, Netflix e Instagram, las recomendaciones basadas en la extracción de datos influyen cada vez más en nuestros gustos e intereses. Las plataformas digitales prometen una oferta personalizada, pero lo cierto es que en muchos sentidos la cultura que consumimos y producimos se ha vuelto genérica, insípida y conformista: para todos y para nadie. De ahí que urja preguntarse: ¿qué libertad nos queda cuando las opciones se eligen previamente en nuestro nombre? ¿Cómo podemos sustraernos al poder del algoritmo?