Este incisivo libro otea el horizonte político de Occidente y nos muestra cómo detectar las nuevas señales de los problemas que se avecinan. Guiándonos por un recorrido que va desde los golpes antidemocráticos en la Grecia antigua y en la moderna, hasta la guerra nuclear, la catástrofe medioambiental y los más atroces crímenes contra la humanidad, Runciman nos revela de qué modo los cambios que han experimentado nuestras sociedades hacen que sea improbable que los regímenes democráticos vayan a desmoronarse ahora como lo hacían en el pasado.
Las masas se han vuelto locas. Basta con seguir las redes sociales o los medios de comunicación para ser testigos de la histeria colectiva en la que se ha convertido el debate político. Cada día alguien nuevo clama que algo le ha ofendido: un cartel que cosifica, una conferencia que debe ser censurada, una palabra que degrada. Vivimos en la tiranía de la corrección política, en un mundo sin genero, ni razas ni sexo y en el que proliferan las personas que se confiesan víctimas de algo (el heteropatriarcado, la bifobia o el racismo). Ser víctima es ya una aspiración, una etiqueta que nos eleva moralmente y que nos ahorra tener que argumentar nada. Pero como nos recuerda Douglas Murray en este polemico libro que ha sido menospreciado por la izquierda biempensante y que se ha con - vertido en un fenómeno de ventas sin precedente en el Reino Unido: "La víctima no siempre tiene razón, no siempre tiene que caernos bien, no siempre merece elogio y, de hecho, no siempre es víctima". Con un estilo provocador y una estructura argumentativa sin fisuras, el autor trata de introducir algo de sentido común en el debate público, al tiempo que aboga con vehemencia por valores como la libertad de expresión y la serenidad actuales.
El considerado por los musulmanes último de los profetas y el más importante mensajero de Dios, Muhammad, uniría a los pueblos árabes bajo la bandera del islam. En esta naciente comunidad, construida a partir de una heterogénea amalgama de tribus y estirpes, las alianzas que Muhammad establecería mediante sus matrimonios sentarían las bases de la política y el derecho islámicos. Pero, por otro lado, la creciente comunidad de musulmanes también se serviría en su vida diaria del ejemplo del profeta, cuyos actos se consideraban marcados por la impronta divina. La conducta de Muhammad respecto a las mujeres constituiría y aún constituye un modelo a seguir para los creyentes. En Esposas y concubinas del Profeta el arabista e historiador Felipe Maíllo Salgado revela quiénes fueron las esposas, concubinas y pretendientes de Muhammad, así como su legado en la posterior expansión y evolución del islam.