Occidente ha perdido el rumbo. El pensamiento
frágil, la renuncia al liderazgo global y la pérdida de
ambición tecnológica son un peligro existencial.
Una llamada urgente al despertar, firmada por el
cofundador y CEO de Palantir —elegido por Time
entre las cien personas más influyentes del
mundo— y su principal colaborador.
«No menos ambicioso que un nuevo tratado de teoría política».
The Wall Street Journal
«Una obra de lectura obligada para todos los que quieran
entender el siglo xxI».
General James N. Mattis, exsecretario de Defensa de EE.UU.
«Un análisis brillante y provocador de cómo las tecnologías están
remodelando nuestras instituciones y valores».
Walter Isaacson, autor de Steve Jobs y El código de la vida
«Audaz y ambicioso. Un libro esencial en la era de la IA, cuando
el rumbo de Silicon Valley contribuirá a definir el futuro del liderazgo
estadounidense en el mundo».
Don Quijote cabalga de nuevo. Pero ahora es una mujer, dama andante que vagabundea entre Londres y Nueva York. No son los libros de caballería los que la han enloquecido y lanzado al mundo, sino la experiencia transfiguradora de un aborto. Y no tiene que vérselas con molinos de viento, sino con los hechiceros de su tiempo: con la historia americana y con Richard Nixon, aún líder de un mundo de pesadilla poblado por dueñas de prostíbulos, transexuales y sacerdotes masoquistas. ¿Y qué busca esta imprevisible Don Quijote? El amor, o quizá solo el conocimiento de lo que es el amor, para así salvar el mundo. Pero que los lectores no se engañen: en el universo de Kathy Acker el amor no es más que una dialéctica de amo y esclavo, una mitología cruel, una ficción del lenguaje inventada por los hombres a espaldas de las mujeres, un conflicto entre poderes.
Como su Quijote, Acker vivió entre Nueva York y Londres y se movió en la escena de vanguardia, con gente como David Byrne o Laurie Anderson. La publicación del libro, en 1986, marcó un punto de inflexión en su obra.
09.07 a.m. 12 de abril de 1961. En un cohete de alto secreto, un joven ruso se sienta en una minúscula cápsula encima del misil balístico intercontinental más potente de la Unión Soviética, diseñado originalmente para transportar una cabeza nuclear, y despega hacia el cielo. Se llama Yuri Gagarin y está a punto de hacer historia. Viajando a casi 18.000 millas por hora, Gagarin da la vuelta al mundo en solo 106 minutos. Desde sus ventanillas ve la Tierra como nadie lo había hecho antes, cruzando un atardecer y un amanecer, atravesando océanos y continentes, siendo testigo de su belleza y su fragilidad. Aunque el lanzamiento se inicia en total secreto, a las pocas horas de su aterrizaje se ha convertido en una celebridad mundial: el primer ser humano que abandona el planeta. Más allá cuenta la emocionante historia de aquel vuelo épico, en plena Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la URSS se enfrentaban al otro lado del telón de acero y asumieron enormes riesgos para ser los primeros en llevar a un hombre al espacio: los estadounidenses a la luz de los medios de comunicación y los soviéticos en la clandestinidad.