La teórica política Judith Shklar representa una original y estimulante relectura de la tradición liberal. Lo que a primera vista se presenta como un «liberalismo de mínimos» nos ofrece hoy algo así como la última trinchera en la que protegernos de los nuevos autoritarismos que se nos vienen encima. O, si favorecemos su interpretación más socialdemocrática, un utillaje conceptual sobre el que apoyarnos para evitar y enmendar un ulterior deterioro de la libertad y la igualdad. Su gran aportación reside en permitirnos llegar a comprender con gran cantidad de matices los muchos y diferentes recovecos de la política y los límites de lo que cabe esperar de ella; sin que haya que desertar tampoco de sus aspectos más luminosos.
La esfera pública como el espacio de trato comunicativo de unos con otros es el tema que ha ocupado a Jürgen Habermas a lo largo de toda su trayectoria. Fue el objeto de su primer gran libro, conocido en español como Historia y crítica de la opinión pública, que ya trataba del «cambio estructural de la esfera pública».
Ante el impacto de la globalización y la digitalización, Habermas reflexiona en las tres intervenciones reunidas en este volumen sobre su modelo de democracia deliberativa y las nuevas amenazas a las que se ve enfrentado. Considera que es un imperativo constitucional garantizar una estructura mediática que asegure que la esfera pública sigue siendo inclusiva y que la formación de la voluntad política y de la opinión de los ciudadanos se mantiene en los cauces deliberativos.
Este ensayo ofrece un análisis a la vez profundo y divulgativo de los puntos decisivos de la filosofía del pensador suizo, vertebrado en torno a una pregunta principal: ¿cuáles son las sendas que se abren ante el hombre enredado en la existencia y qué le espera a este al final de cada recorrido? Para responder a este interrogante, Todorov recurre a una lectura humanista y moral de los textos rousseaunianos. Existen tres caminos posibles: el de la naturaleza, el de la civilización y ―camino intermedio― la senda moral, que reconcilia los dos primeros. Pero esta senda no conduce automáticamente a la perfección. Rousseau conocía mejor que nadie las debilidades humanas y nuestra necesidad de conformarnos con la precariedad existencial, de lidiar con los obstáculos de la vida y aprender a convivir con una frágil felicidad.