Estamos acostumbrados a ser testigos de violencias extremas, torturas, violaciones y humillaciones en todas las formas del arte. A menudo la crueldad allí desplegada se nos presenta como espectáculo o como propaganda de las ideas hegemónicas. Sin embargo, hay una crueldad que no satisface el morbo del espectador ni corteja sus valores, sino que lo confronta con sus hipocresías y sus miserias. Es ética en el sentido de que pretende una transformación del lector, aunque tenga que agredirle para ello y atentar contra sus certidumbres, adentrándose en ámbitos que rondan el tabú, como la violencia despiadada y el sexo desaforado. La ética de la crueldad, que recibió varios premios y ha sido traducida a diversos idiomas, defiende una literatura contraria a la cultura del espectáculo y a la asepsia posmoderna, una literatura que aborrece lo inocuo y lo complaciente. E ilustra su propuesta teórica con una original exploración de novelas de Bataille, Canetti, Martín-Santos, McCarthy, Kristof, Onetti y Jelinek, autores crueles cada uno a su manera. Después de leerlos, no se puede seguir viviendo como antes de hacerlo. Y lo mismo le sucederá a quien lea este ensayo, que ha sido revisado y ampliado por su autor para esta edición.
¿Puede perdurar el capitalismo global? La pregunta se ha vuelto acuciante en un mundo asolado por la incertidumbre económica, los estallidos bélicos y la crisis ecológica. La respuesta de Robinson es aparentemente poco optimista. El capitalismo ha entrado en una crisis estructural para la que no hay visos de que encuentre una solución sencilla, no al menos al modo de las crisis anteriores a las que siguió un nuevo ciclo de crecimiento y expansión. Algunos factores importantes parecen impedir, o al menos limitar, los efectos de estas posibles recuperaciones. Estos tienen que ver con la tendencia de larga data a la caída de la tasa de beneficio, una productividad con incrementos decrecientes y una desigualdad excesiva, que redunda en los problemas de realización del capital. Igualmente, la digitalización y la financiarización, convertidos en los dos grandes motores de la actual economía política, parecen ser tanto causas como agravantes de estos problemas. La creciente crisis de legitimidad y de hegemonía de las clases dominantes apunta además a una caída generalizada de las capacidades del Estado para gobernar la crisis. Y por si esto fuera poco, la devastadora crisis ecológica ha puesto a la humanidad, en su conjunto, ante una disyuntiva en la que se determina su propia supervivencia.
En definitiva, a la pregunta ¿Puede perdurar el capitalismo global?, Robinson responde señalando las principales dificultades en la reproducción del sistema. En el marco de su propia teoría sobre el capitalismo global, de la que este libro es su mejor resumen, queda descartada igualmente cualquier «salida nacional» o soberanista a la crisis. De hecho, la única posibilidad parece descansar en la articulación de nuevas alianzas de clase dirigidas a superar el capitalismo desde abajo. A esa posibilidad apuesta el trabajo analítico de Robinson.
En 1543, Nicolás Copérnico declaró que la Tierra giraba alrededor del Sol, revolucionando siglos de presunción escolástica. Se vislumbraba una nueva era, guiada por la observación, la tecnología y la lógica.
Pero los presagios y los elixires no desaparecieron de manera instantánea de los laboratorios. Durante mucho tiempo, aún se podían encontrar amuletos y pociones entre relucientes instrumentos de metal y tomos encuadernados en cuero. La línea entre lo natural y lo sobrenatural seguía siendo porosa e indefinida.
Desde el gélido observatorio danés de Tycho Brahe hasta el taller humeante y sulfuroso de John Dee, la historiadora Violet Moller nos traslada a los albores de la ciencia europea para revelarnos un deslumbrante mundo olvidado, donde todo conocimiento, por arcano que fuera, podía buscarse con buena fe.