Pese a la autocomplacencia de muchos de sus cultivadores, no es un secreto para nadie que tanto la crítica de literatura y pensamiento como el llamado periodismo cultural están bajo mínimos, en parte por la precarización de los medios pero también o sobre todo por las evidentes carencias de las plumas que se limitan a ejercer como terminales de propaganda. En este panorama degradado sobresalen tanto más los autores que recogen el testigo de los grandes para combinar el conocimiento y la independencia de criterio, lejos de la corrección y los lugares comunes. Caracterizada como de costumbre por la variedad, la erudición y la ironía, la nueva recopilación de ensayos de Juan Bonilla se abre con una colección de ácidas y chispeantes notas, seguidas de aproximaciones a Unamuno, Kafka y Borges. Reflexiones sobre la fotografía, las humanidades y la ciudad completan un amenísimo volumen donde el jerezano derrocha originalidad, brillantez y frescura, cualidades que han convertido al narrador y poeta en un crítico y articulista ineludible. «Los libros son espejos: No puede un simio que se asoma a ellos esperar que quien salga reflejado sea un apóstol. Lo dijo Lichtenberg, y sin embargo… Quizá los grandes libros son precisamente los antiespejos: muestran a los simios que se asoman que en todos ellos hay algo de apóstol, y sobre todo les recuerdan a los apóstoles que van a contemplarse que al fondo de sus ojos sigue habitando un simio».
Basándose en las investigaciones más recientes, una concisa panorámica del Tercer Reich. Tras analizar los factores que hicieron posible el ascenso del nacionalsocialismo y la instauración de la dictadura, la parte principal del ensayo se dedica a los años que van de 1939 a 1945, un periodo en el que la historia alemana se expande hacia una dimensión europea y mundial.
¿Cómo se ha ido desmoronando nuestro mundo made in USA tras los sucesos de 1989?
El final de la Guerra Fría dio comienzo a una "Era de la Imitación" llena de inestabilidad. Después de 1989, negarse a seguir el ejemplo de Occidente no era una opción, lo cual fue para los imitadores una imposición neocolonial humillante y, entre los imitados, alentó una arrogancia imperial y un total desinterés por el funcionamiento de otros países.
Krastev y Holmes sostienen que este es el origen de la caída del orden liberal: Rusia y Estados Unidos favorecen el desmantelamiento de la seguridad global, la Unión Europea abandona las promesas de su proyecto, la fe en la democracia cae en picado...
La luz que se apaga descubre las causas de este desconcertante escenario, producto de la arrogancia neocolonial y la resistencia anticolonial engendradas en 1989.