Hay cosas que nunca desaparecen. Entre ellas se cuenta la violencia. Su forma de aparición varia según la constelación social. En la actualidad, la violencia ha mutado de visible en invisible, de frontal en viral, de directa en mediada, de real en virtual, de física en psíquica, de negativa en positiva, y se retira a espacios subcomunicativos y neuronales, de manera que puede dar la impresión de que ha desaparecido. Pero la violencia se mantiene constante. Simplemente se traslada al interior. La decapitación en la sociedad de la soberanía, la deformación en la sociedad disciplinaria y la depresión en la sociedad del rendimiento son estadios de la transformación topológica de la violencia. En este ensayo, Han profundiza su análisis de la sociedad del cansancio y de la transparencia, buscando sacar a la luz las nuevas formas de violencia que se ocultan tras el exceso de positividad.
No es fácil identificar a un perverso narcisista en la vida real, cuando está cerca y se trata del padre, la pareja o el superior jerárquico. E incluso en caso de identificarlo, contrarrestarlo y deshacerse de él o ayudarlo es siempre una ardua tarea.En este libro, superéxito de ventas en francés, Jean-Charles Bouchoux describe la personalidad perversa narcisista a través de su funcionamiento cotidiano: la comunicación paradójica, la negación de la realidad, la culpabilización del otro, la creación de un vínculo de dependencia, y un largo etcétera. Apoyándose en casos reales y concretos, Bouchoux analiza los orígenes de la perversión, que se remontan a la infancia, y ofrece pistas seguras para que las víctimas logren contrarrestar las tentativas de control y manipulación de sus perversos.
En este ameno y breve tratado que lleva por título El arte de tener razón -o, más propiamente, de «salirse uno con la suya» en las discusiones-, Arthur Schopenhauer (1788-1860) se propone explicar cómo podemos hacer que triunfen nuestras tesis al margen de su falsedad o su inconsistencia. Como explica el preparador del texto, Franco Volpi, en el ensayo que clausura el volumen («Schopenhauer y la dialéctica»), el fundador del pesimismo señala que no es lo mismo la verdad objetiva de una proposición y su aprobación por los que la discuten. Debido a la perversidad natural del ser humano, en las disputas cotidianas no se procura, en efecto, que la verdad salga a la luz, sino que cada contendiente se afana en que se le dé la razón. En este opúsculo Schopenhauer busca, con gran ingenio, asistir a los hombres en tal inclinación.