os años veinte estuvieron marcados por la momentánea y tensa estabilidad europea de entreguerras, y en España por la dictadura de Primo de Rivera. Ortega respondería ampliamente en el recién fundado periódico "El Sol" al devenir del nuevo régimen durante estos años de su madurez intelectual, especialmente con "Mirabeau o el político", publicado después como libro en Revista de Occidente en 1927, ejemplo del género ensayístico biográfico que desarrolló con epígonos de generaciones históricas cruciales, como Goethe o Velázquez, para problematizar su función como modelos del modo de vida actual. En el caso de la figura del político francés, comienza con la definición de "arquetipo" vital, para ensayar a continuación la consistencia del político.
Acompañamos su edición con los ensayos escritos entre 1920 y 1930 en que interpreta la problemática política a distancia suficiente como para sentar las bases teóricas con que reimpulsar una participación, que ya sucedería en la década siguiente con la Agrupación al Servicio de la República.
Según Peter Beinart, hay una narrativa que domina la vida comunitaria judía: la de la persecución y el victimismo. Es algo que borra gran parte de los matices de la tradición religiosa judía y distorsiona nuestra comprensión de Israel y Palestina. Tras Gaza, donde se han utilizado los textos, la historia y el idioma judíos para justificar el genocidio y la hambruna, Beinart sostiene que los judíos deben cambiar de narrativa. Después de esta guerra, cuyo horror resonará durante generaciones, deben ofrecer una nueva respuesta a la pregunta: ¿qué significa ser judío?
Ser judío tras la destrucción de Gaza contiene un argumento provocador que ampliará y enriquecerá uno de los debates más importantes de nuestro tiempo. Es un libro que solo Peter Beinart podría escribir: una obra llena de pasión, pero mesurada que reúne su experiencia personal, su profundo conocimiento de la historia, su aguda comprensión de los dilemas políticos y morales, y una visión clara del futuro.
Mientras lidiamos con la inseguridad y la incertidumbre propias de la modernidad líquida, Bauman sostiene que nuestras identidades —sociopolíticas, culturales, profesionales, religiosas o sexuales— también están en un proceso de transformación constante y, hoy, son más frágiles que nunca: vivimos en una época de cambios rápidos y vínculos desechables —ya sea un coche, una prenda o incluso una pareja—, y como resultado, nuestras formas de ser se vuelven transitorias y difíciles de definir.
La identidad —una noción, por naturaleza, ambigua y escurridiza— se ha convertido en una clave para comprender la transformación de la vida social y la experiencia personal en nuestra época líquida. En este breve ensayo, Bauman profundiza con claridad en el análisis de este fenómeno.