Estudios filosóficos", que sigue la edición de "OEuvres I", establecida y anotada por Jean Hytier, es el cuarto de los volúmenes de ensayos en prosa de Valéry que aparece en La balsa de la Medusa. Tras "Escritos sobre Leonardo da Vinci", "La idea fija" y "Teoría poética y estética". Próximamente se publicarán sus estudios literarios, con los que se ofrecerá la edición completa de los ensayos en prosa del poeta.
Hay un hambre que solo sacian los libros. Hambre de aventuras y de historias extraordinarias, de personajes eternos y mundos fantásticos. Porque la buena literatura despierta los sentidos. Tiene aroma, se saborea y deja un gusto distintivo que podemos paladear toda una vida. Alberto Manguel, lector exquisito y cocinero atento, ha devorado los más ricos manjares literarios y nos ofrece aquí un surtido apetitoso de recetas que alimentan el alma y el estómago, y que componen un atlas gastronómico de territorios quiméricos: desde la caldereta de pescado de la Atlántida hasta las galletas beórnidas de miel, pasando por el cóctel de sangre fresca del mismísimo Conde Drácula o los dedos de mago que se sirven en Hogwarts. Un festín literario que, como toda buena fiesta, acaba en la cocina. Todas las recetas se maridan con su genealogía literaria y un dibujo del autor.
Hace tres siglos, Voltaire publicó su "Diccionario filosófico", donde abordaba temas tan singulares como el adulterio, las montañas o la desnudez. En 1957, otro pensador francés, Roland Barthes, reflexionó en "Mitologías" sobre pasiones masculinas como la lucha libre, el striptease o el Citroën DS. Desde los inicios de la filosofía, los grandes pensadores no han podido evitar aplicar sus brillantes mentes no solo al sentido de la vida, sino también al del café, los gases intestinales o la instalación eficiente de una caldera. Ahora, desde Wollstonecraft hasta Wittgenstein, de Lao Tse a Locke, de Aristóteles a Arendt, "Grandes mentes y pequeñas cosas" reúne sus observaciones más curiosas en una miscelánea tan entretenida como iluminadora, que consigue que las trivialidades del día a día parezcan, de repente, mucho más sofisticadas.