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TESTIMONIO DE FE

Se podrán caer las torres, podrán colapsar los castillos, pero el amor hacia un príncipe encontrará los caminos para recorrerlos hasta la eternidad… …la vida es como un juego de azar, vas con la mayor intención de ganar, pero las jugadas del destino no solo te pondrán a pensar, cambiarán completamente la jugada, y en cada nueva partida tendrás la opción de retirarte o intentar con amor restablecerte. Hola, mi nombre es Ruth Castillo de Valdez y el de mi esposo es Delfín Valdez Martes, y en este, mi primer libro, te invito a crear consciencia de tus acciones y cómo estás pueden perjudicar no solo tu vida sino la vida de alguien más, también, te comparto el amor comprometido que se caduca o se fortalece con el tiempo cuantas veces así lo decidas, y que al final de cuentas, lo único que te mantiene en pie no son las posesiones, ni el duro trabajo, ni las grandes amistades, ni los múltiples logros, sino la FE EN JEHOVÁ, el que todo sabe, todo lo puede, todo lo controla, el que te da las fuerzas en medio de la tragedia, y por supuesto, el que pone la fecha de inicio o final de toda historia humana.
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MALISMO

Llamamos «malismo» al antiintuitivo mecanismo propagandístico que consiste en la ostentación pública de acciones o deseos tradicionalmente reprobables con la finalidad de conseguir un beneficio social, electoral o comercial. Quizás sea en política donde el desarrollo de este fenómeno asentado en la última década en Occidente resulta más llamativo. Una representante pública entiende la destrucción de las infraviviendas de las personas sin hogar como un acto autopromocional. Otra aumenta su aceptación popular tras calificar de «mantenidos subvencionados» a los desfavorecidos afectados por una pandemia.
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EL LADRON DE ARTE

Ha habido muchos ladrones de arte a lo largo de la historia, pero ninguno como Stéphane Breitwieser. Él nunca robó por dinero, sino que sustraía solo aquellas piezas cuya belleza lo embelesaba, y exponía esos tesoros en un par de habitaciones secretas de su casa, donde podía admirarlos a su antojo. Nuestro ladrón tenía, además de una gran sensibilidad artística, una habilidad innata para burlar casi cualquier sistema de seguridad, y consiguió perpetrar un número asombroso de robos a plena luz del día, sin armas ni amenazas, mientras su novia distraía a los guardias de seguridad. Pero ese talento iba unido a un creciente desprecio por el riesgo y una necesidad adictiva de fijarse nuevos retos, ignorando las súplicas de su novia para que dejara de hacerlo, hasta que un último acto de arrogancia acabó con todo. A lo largo de casi ocho años, Breitwieser recorrió museos y catedrales de toda Europa, donde robó más de trescientos objetos —entre ellos cuadros de Pieter Brueghel el Joven, Antoine Watteau o François Boucher— y llegó a acumular más de 1.400 millones de dólares en piezas de coleccionismo de primer nivel. En El ladrón de arte, un auténtico rompecabezas con giros que resultan casi increíbles, Michael Finkel explora con brillantez la emoción de los golpes que llevó a Breitwieser a seguir adelante y narra de manera genial la historia de este ávido coleccionista para quien los museos no eran más que prisiones donde el arte se encontraba recluido.
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