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LAS MASCARAS DE JULIA

«Y entonces, como cuando acaba una obra de teatro, las máscaras se caen y somos lo que recordamos. Recuerdos». «Y entonces, como cuando acaba una obra de teatro, las máscaras se caen y somos lo que recordamos. Recuerdos». Roma, principios del siglo I de nuestra era. Augusto, princeps, domina con mano férrea el Imperio, aunque mantenga la ficción de una República restaurada. Pero bajo la apariencia de una concordia que impulsa la recuperación de las viejas costumbres, late una represión que se cobrará víctimas incluso entre sus más allegados: su propia hija, Julia, acusada de adulterio, humillada públicamente y desterrada a un desolado islote del mar Tirreno. Años después, Julila, hija de Julia la Mayor y nieta de Augusto, indagará sobre lo que le ocurrió a su madre, para descubrir que la «historia oficial» que le contaron —a ella y a toda Roma— no es la verdad. Con un estilo íntimo y una trama coral, Sandra Parente nos adentra con su novela histórica Las máscaras de Julia en el seno de la familia del primero de los emperadores romanos, envuelta en un clima de obediencia y de silencios impuestos a rajatabla, donde todos —Livia, Tiberio, Julia, el propio Augusto…— se esconden, como actores, tras sus máscaras. Julila, que pasará a la posteridad como Julia la Menor, ahondará en el drama que vivió su madre, la hija del césar casada tres veces, mientras debe tomar decisiones para no ser, ella también, una víctima.
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1625. EL ULTIMO SOL DEL IMPERIO ESPAÑOL

1625 fue el año de las victorias, en el que la España imperial hizo alarde de la mayor maquinaria militar de su tiempo. Franceses, holandeses, ingleses, daneses, suecos y príncipes de otros estados se coaligaron con el objetivo de neutralizar a la potencia hegemónica, la Monarquía española. El imperio donde no se ponía el sol se vio atacado en tres continentes, dos mares y un océano. Mientras llevaba la iniciativa en Flandes, con el espectacular sitio de Breda, organizó la mayor fuerza anfibia de su tiempo, cinco tercios de infantería y casi sesenta navíos, y la proyectó al otro lado del Atlántico para recuperar la capital brasileña, Salvador de Bahía. Las armas españolas también acudieron en ayuda de la República de Génova y del valle de la Valtelina, guerras subsidiarias de Francia orquestadas por su materia gris, el cardenal Richelieu. Y aún tendrían que rechazar tres ataques más en San Juan de Puerto Rico, en Mina, actual Ghana, y en Cádiz.
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LIBROS PELIGROSOS

En los siglos transcurridos entre la invención de la imprenta y el nacimiento de los derechos de autor, incluso los hombres y mujeres más ilustrados creían en la necesidad de vigilar la circulación de los libros y reprimir las ideas consideradas perjudiciales para la sociedad. ¿Qué distinguía al sistema de censura romano de los mecanismos de control vigentes en otras partes de Europa? Y, sobre todo, ¿cómo influyó la censura eclesiástica en la evolución de la cultura italiana durante la Edad Moderna? Este libro reconstruye los medios con los que Roma trató de impedir la circulación de libros considerados peligrosos y, al mismo tiempo, las estratagemas con las que autores, impresores y lectores intentaron burlar esos controles. La censura era eliminación, supresión, borrado, pero también sustitución, restitución, reescritura. El éxito de la política religiosa y cultural de la Contrarreforma pasó también por la capacidad de devolver a los fieles una serie de textos en sustitución de los libros que ya no estaban disponibles. El libro desaparecía y luego reaparecía bajo formas diferentes, alejadas, pero no totalmente nuevas al respecto su apariencia original.
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