¿PODEMOS LOS HUMANOS PONERNOS DE ACUERDO EN UN CONJUNTO DE VALORES QUE NOS PERMITAN ABORDAR LAS NUMEROSAS AMENAZAS A LAS QUE NOS ENFRENTAMOS?
¿O CONTINUAREMOS CON DESACUERDOS, CONFLICTOS Y HOSTILIDADES MIENTRAS NOS ACERCAMOS A NUESTRA POSIBLE EXTINCIÓN?
Para responder a estas preguntas, A.C. Grayling reflexiona sobre los tres desafíos que considera más urgentes: el cambio climático, la tecnología y la justicia, y reconoce que no hay un sistema de valores universales para determinar qué hacer y qué no respecto a estas cuestiones.
En un mundo en que los fenómenos climáticos extremos son cada vez más frecuentes, los avances en inteligencia artificial y en tecnología militar se aceleran y las desigualdades se acentúan, Grayling plantea una pregunta cada vez más urgente: ¿es posible alcanzar un acuerdo global para retos globales?
La pugna entre los líderes de extrema derecha y la población es una cuestión de sometimiento. Más allá de imponer salvaguardas morales que protejan la democracia, es necesario comprender qué vuelve a las personas vulnerables al fascismo, que dirige la frustración colectiva hacia la agresión contra colectivos específicos.
¡Me decepcionaste! ¿Quién podría recuperarse de semejante acusación? ¿Y quién, además, no ha recurrido a ella alguna vez? Somos seres que no dejamos de decepcionar y de ser decepcionados. Sin embargo, los moralistas lo han repetido hasta la saciedad: decepcionarse es, sobre todo, ser víctima de expectativas que solo existían en nuestra cabeza.Pero, ¿qué pasaría si eso no fuera todo?, se pregunta el autor en estas páginas. ¿Y si tras la danza de la esperanza y la decepción, de las expectativas y su frustración, se desplegara un verdadero orden del mundo que decidiera por nosotros lo que podemos y lo que no podemos hacer? ¿Y si decepcionar fuera, sobre todo, una forma de escapar de ello? Entonces, decepcionar sería un placer.