¿Le conocen por las maletas que se echa a cuestas? Probablemente lo hizo esta mañana. En algún punto entre su primer paso y el último para cruzar el umbral, usted tomó quipaje. Fue hasta el dispensador de maletas y cargó unos cuantos bolsos. Pero este dispensador no es la correa transportadora del aeropuerto. Es la de la mente. Y las valijas que tomamos no son de cuero, sino de cargas. La maleta de la culpa. El baúl del descontento. La mochila de la ansiedad y un bolso de tristezas colgado del hombro. Añádase un maletín de perfeccionismos, el saco de la soledad y la bolsa de lona del temor. No es raro que estemos tan cansados al final del día. ¿Hacia dónde podemos volvernos en busca de ayuda? ¿Qué le parece si consultamos a un viejo amigo, el Salmo Veitnitrés?
¿Cómo leer El Capital de Marx? refuerza la transformación sobre los estudios marxianos que represntó la publicación, en esta misma serie, de la obra de Heinrich Crítica de la economía política.
La lectura de Heinrich aborda la obra de Marx desde un plano estrictamente teórico, sin prejuicios ideológicos, de modo que no da por sentado ninguno de los tópicos que tanto abundan sobre El Capital.
Heinrich analiza El Capital palabra por palabra, en el cuerpo a cuerpo, lo que se revela como caminofructuoso para desentrañar y esclarecer las profundas estructuras conceptuales que reverberan en el texto.
Solo después de un minucioso análisis de estas características cabe sacar conclusiones,ya sea programar revoluciones, predecir el apocalipsis, o tal vez de contemplar ?entre lúcidos y desencantados? cómo la araña devora a sus presas.
Si es evidente que el trabajo ya no es lo que fue, ¿cómo lo pensamos en pleno siglo XXI? ¿Podemos hacerlo sin caer en los lugares comunes de la tecnociencia, el teletrabajo o la inteligencia artificial? Este breve y poderoso libro demuestra que, para quebrar esas lógicas mercantilistas, es fundamental encarar una discusión política y filosófica alrededor de una pregunta inquietante:
¿cómo y por qué trabajar hoy?
Alain Supiot hace en estas páginas un llamado a dejar de pensar el trabajo como una actividad por la que se recibe un salario para poner en el centro de la cuestión a las personas y asegurarles una protección que no solo prevea la situación de desempleo, sino la formación permanente, las tareas de cuidado y el trabajo comunitario. Y lo hace sin postular el retorno a un mundo de pleno empleo que, a esta altura, se ha vuelto una utopía, sino en diálogo con el trabajo precarizado e informal que hoy nos es tan familiar.