Los Diálogos de Platón, son un inagotable homenaje a la figura de su maestro Sócrates; el joven Platón uno de aquellos brillantes muchachos ganado por el «polemo» dialéctico que asistió sin duda alguna al proceso de su admirado maestro, víctima de unos manejos democráticos que le condenaron. La injusticia cometida con Sócrates es sin duda el argumento decisivo para santificar su odio a la plebe. Lo cierto es, que el joven Platón ante tales hechos, jamás sería un demócrata de convicción, toda su energía la consumió en su proyecto melancólico de la fundación de una «ciudad ideal», una república regida por la diké y la armonía cósmica de las almas y las leyes.
El objetivo principal de esta obra es mostrar la situación de las personas sin hogar, las políticas públicas de actuación con relación al sinhogarismo y su aplicación, un tema bastante novedoso y que, sin duda, ayudará a sacar a la luz una realidad que con frecuencia se suele o se tiende a ocultar. Además, contribuirá a cambiar la sensibilidad social al respecto. En los primeros capítulos se abordan los principales aspectos que caracterizan el problema (conceptualización y caracterización, desarrollo histórico, análisis de la realidad desde el punto de vista sociológico y psicológico), de forma que esta parte da estructura a la obra completa en la que luego se integran temas más específicos, desde el recuento de personas sin techo a la situación específica de distintos grupos (mujeres, inmigrantes, LGTBI...). También se incluyen tres capítulos sobre la realidad de las personas sin hogar en Europa, varios países de Latinoamérica y uno, más específico, sobre las personas sin hogar en España e Italia. El texto, aunque técnico, es accesible dada la buena exposición de los autores y puede resultar de utilidad no solo a expertos del ámbito de la psicología, la sociología o el trabajo social, entre otros, sino también al gran público, en especial a los responsables de las instituciones públicas y de las entidades sociales implicadas en este ámbito.
A lo largo de la historia, el pasado ha sido utilizado —y (re)escrito— como arma política para justificar toda una serie de discursos ideológicos que manipulan y resignifican nuestros espacios: hablamos de las evidencias físicas, desde los monumentos conmemorativos hasta los vestigios que podemos rastrear en las ciudades a través de su arquitectura y urbanismo. Estos demuestran la existencia no solo de acontecimientos del pasado, sino de formas de pensar, valores que han desaparecido o movimientos sociales que dejaron su huella en el espacio público y que se filtran gota a gota en el presente.
Cuando nuestras ciudades se remodelan en base a fantasías sobre lo que ocurrió, cuando los monumentos mienten sobre quién merece nuestro reconocimiento, o cuando directamente se destruyen, el registro histórico está siendo adulterado. Del mismo modo, cuando se nos dice que ciertos estilos arquitectónicos son ajenos a nuestras ciudades, cuando las decisiones que se toman sobre nuestro entorno no tienen ningún tipo de fundamento histórico, o cuando se privatiza el espacio público, estamos siendo manipulados. ¿Qué nos queda si ya no podemos confiar en el mundo tangible que nos rodea para decirnos la verdad?