Entre julio de 2020 y abril de 2022, Ricardo Lagos, Jorge G. Castañeda y Héctor Aguilar Camín sostuvieron una serie de encuentros virtuales para conversar sobre la situación de América Latina ante las diversas crisis globales del siglo XXI. La preocupación central y originaria de este diálogo es la condición de aislamiento de la región, debida a la división ideológica de los países, a la falta de foros de encuentro para los gobiernos de la región y, sobre todo, a la falta de una voz propia en el mundo.
A lo largo de esta conversación a tres bandas -entre Santiago de Chile, Nueva York y Ciudad de México-, los interlocutores revisan cuestiones como la nueva guerra fría entre China y Estados Unidos y los retos que plantea para América Latina, los desafíos de la democracia ante el populismo y la convulsión del cambio digital, las causas y los efectos de la nueva ola degobiernos de izquierda en la región, los problemas claves del crecimiento económico, y un mundo que ha salido más desigual de la pandemia.
Lagos, Castañeda y Aguilar Camín reúnen su experiencia y su amplio conocimiento sobre la materia para discutir los graves problemas que aquejan a los países latinoamericanos en este momento de su historia y, sobre todo, plantean alternativas para salir de este aislamiento paralizador.
Desde hace algunas décadas, las solicitudes de cambio de sexo entre niños y adolescentes se han disparado de forma alarmante, tanto en Estados Unidos como en Europa. El peso de la cultura LGBTQI ha dado una mayor visibilidad a la «disforia de género», que traduce una sensación de inadecuación entre el sexo de nacimiento y el que se «siente».
Bajo la premisa progresista de que librarse de las diferencias anatómicas y genéticas entre los sexos es algo emancipador, el transgenerismo pretende abolir el «binarismo» de género y legitimar la sensación de haber nacido en el «cuerpo equivocado».
Se le hace creer así al niño que puede estar experimentando problemas de identidad sexual en su etapa de inmadurez, que puede «autodeterminarse» y elegir su sexo en función de sus vivencias. Varios países están avanzando hacia una legislación en la que basta con querer cambiar de sexo para poder hacerlo, sin el consentimiento de los padres ni el consejo médico, y basándose únicamente en los sentimientos, que se erigen como la verdad.