¿Se puede leer toda la historia de la literatura a través de una sola novela? ¿Cuál es el hilo invisible que une a Homero, Platón, Virgilio, Shakespeare, Nietzsche o Thomas Mann? ¿Una obra y su protagonista pueden cobrar una vida más auténtica que la nuestra?
Hay una obra genial a través de la cual se puede recorrer la sutil frontera que separa la literatura de la vida. Una novela que lo cambió todo para siempre, con una poética marcadamente dionisíaca, que transita entre lo cómico y lo trágico, el pasado y el futuro, la lectura y la locura: Don Quijote de la Mancha.
En los sueños proféticos del hidalgo, en sus discursos de retórica encantada, en la íntima intuición de la cercanía entre lo romántico y lo risible, se va esbozando una mascarada clásica que trasciende géneros y convenciones, una literatura que ofrece saberes y experiencias fundamentales para el lector.
Adramón y los libros de caballerías: historia y ficción se aproxima al estudio de uno de los géneros literarios más exitosos de la España del siglo XVI a partir de un ejemplar del corpus casi desconocido.
El punto de partida y de llegada del análisis es el Adramón, pero, más precisamente, el sentido conflictivo de su naturaleza prosística: un libro de ficción que se construye sobre elementos de la realidad histórica observable; una historia fingida que se asemeja a las verdaderas. De la disección de su tejido narrativo, se evidencia cómo la ficción precervantina exploraba ya los límites de la representación literaria o poética de la realidad con un objetivo subyacente: la búsqueda de la verosimilitud.
En ese sentido, el libro considera la existencia de Adramón como una nueva propuesta de ficción que tiende hacia lo realista, cuya consagración no se logrará, no obstante, hasta que las aventuras de don Quijote salgan de las prensas madrileñas de Juan de la Cuesta en 1605.
Las memorias que Obama relata en Los sueños de mi padre comienzan en Nueva York, donde se entera de que su padre ha fallecido en un accidente automovilístico. La inesperada noticia provoca en él un viaje físico y emocional que lo lleva de Kansas a Hawái y más tarde a Kenia, en una emotiva odisea que le permitirá conocer realmente a su familia, la amarga verdad de la vida de su padre y conciliar al fin las distintas partes de su fragmentada herencia.