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CARTAS DEL DIABLO A SU SOBRINO

El clásico atemporal sobre “las últimas novedades del infierno y las irrebatibles respuestas del cielo”. Esta obra maestra de sátira de C. S. Lewis ha entretenido e iluminado a generaciones con su retrato irónico y profundo de la vida humana, contado desde la perspectiva de Escrutopo, un demonio de alto rango al servicio de “nuestro padre de las profundidades”. Con ingenio, humor y aguda visión espiritual, Lewis nos comparte las cartas entre este diablo experimentado y su sobrino Orugario, un demonio principiante encargado de asegurar la perdición de un joven común. Dedicado a su amigo y colega J. R. R. Tolkien, este clásico atemporal revela las estrategias sutiles de la tentación y nos anima a perseverar en la fe. Cartas del diablo a su sobrino sigue siendo una lectura esencial para todo creyente que desee comprender mejor el conflicto espiritual que enfrentamos día a día.
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LOS ESPIAS NO HABLAN (OF2)

Karel Holemans fue un pintor flamenco que soñaba con la independencia de Flandes. Espió en España durante la Guerra Civil, en el lado republicano. En la invasión nazi de Bélgica trabajó como espía doble. O tal vez triple. Fue agente de la inteligencia alemana, estuvo casado con una agente de la Resistencia y, en secreto, era Caballero Comendador de los templarios. Se enroló en los servicios secretos alemanes para poder sacar de Bélgica los archivos históricos de la orden del Temple y evitar que cayeran en manos de la Gestapo. Llevó los archivos a Portugal y con ello salvó las vidas de 238 templarios belgas y franceses. Como pintor conoció el éxito y la pobreza, y sus obras cuelgan hoy en varios museos europeos, entre ellos, el Reina Sofía de Madrid. Fue condenado a muerte en Bélgica y se exilió en España, donde pasó el resto de su vida. Se casó con la pubilla de una rica familia de cavistas de Sant Sadurní d’Anoia. Su suegra nunca aprobó la boda y le persiguió con una falsa acusación de bigamia que casi le cuesta la extradición y la vida. En 1974, estuvo presente como traductor en la ejecución de Heinz Chez en Tarragona, condenado por Franco a morir por garrote vil el mismo día y a la misma hora que Puig Antich en Barcelona. Su hijo Carlos ha dedicado más de diez años a desenterrar y recomponer lo que nunca contó.
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