«Un libro que ha marcado época», Margarita Rivière.
El «acoso moral» es el concepto que describe la posibilidad de destruir a alguien sólo con palabras, miradas o insinuaciones. En este libro, que se alimenta de numerosos testimonios, la autora analiza la especificidad de este tipo de relaciones perversas y nos enseña a identificarlas allá donde se produzcan, ya sea en la pareja, la familia o la empresa.
El acoso moral genera, en las personas que lo sufren, una espiral depresiva, cuando no suicida, que las arrastra hacia una caída mortal. Es una agresión constante e insidiosa de una persona hacia otra con la que el agresor pone de manifiesto su voluntad de desembarazarse de alguien sin mancharse las manos, pues estas personas perversas saben enmascarar muy bien sus intenciones.
Marie-France Hirigoyen nos enseña a identificar estas imposturas para que las víctimas puedan recuperar sus puntos de referencia y librarse de la influencia destructiva de su agresor.
Con una mirada crítica y visionaria, Bauman analiza cómo esta lógica ha erosionado los vínculos, vaciando de sentido el saber y convirtiendo el aprendizaje en una herramienta de adaptación, no de transformación. Frente a ello, reivindica una educación que no solo transmita información, sino que cultive la experiencia, el pensamiento y la conciencia cívica.
Este ensayo, tan breve como profundo, es una invitación urgente a resistir la liquidez dominante y a recuperar la educación como un acto ético y político, capaz de sostener lo común, lo duradero y lo verdaderamente humano.
Como ya hiciera en Profanaciones, Agamben recoge aquí, en una serie de ensayos breves, algunos de los temas centrales de su pensamiento: desde la fiesta, vista en inesperada relación con la bulimia contemporánea, a la desnudez, que alberga escondidas implicaciones teológicas; del problema del cuerpo glorioso de los beatos, que tienen estómago y órganos sexuales y sin embargo no comen ni hacen el amor, al de la nueva figura de la identidad impersonal que los dispositivos biométricos están imponiendo a la humanidad.
El punto de fuga hacia el que convergen todos estos temas es la inactividad, entendida no como ocio o inercia sino como el paradigma de la acción humana y de una nueva política. Esa misma acción ociosa define la tierra de nadie en la que se mueve una escritura que ha quemado sus cartas de identidad y que es, a la vez, pensamiento y literatura, divagación y ficha filológica, tratado de metafísica y artículo de costumbres.