Como ya hiciera en Profanaciones, Agamben recoge aquí, en una serie de ensayos breves, algunos de los temas centrales de su pensamiento: desde la fiesta, vista en inesperada relación con la bulimia contemporánea, a la desnudez, que alberga escondidas implicaciones teológicas; del problema del cuerpo glorioso de los beatos, que tienen estómago y órganos sexuales y sin embargo no comen ni hacen el amor, al de la nueva figura de la identidad impersonal que los dispositivos biométricos están imponiendo a la humanidad.
El punto de fuga hacia el que convergen todos estos temas es la inactividad, entendida no como ocio o inercia sino como el paradigma de la acción humana y de una nueva política. Esa misma acción ociosa define la tierra de nadie en la que se mueve una escritura que ha quemado sus cartas de identidad y que es, a la vez, pensamiento y literatura, divagación y ficha filológica, tratado de metafísica y artículo de costumbres.
En gran parte de la obra ciceroniana se advierte la huella del estoicismo antiguo. Así ocurre, por ejemplo, en este tratado sobre la vejez, atravesado por la idea
de que «lo natural es bueno». En De senectute, el viejo Catón toma la palabra para rebatir los achaques que comúnmente se atribuyen a la edad, con una idea muy clara: cómo hayamos actuado de jóvenes marca lo que nos espera en la ancianidad. Si hemos sembrado bien en nuestra primavera, la última estación de la vida servirá para disfrutar recolectando.
«La reencarnación de un texto en palabras que no son las originales es quizá una de las más eficaces pruebas del poder creativo del lector. La traducción es la forma más profunda y minuciosa de lectura. Penetrar en un texto, desmontarlo, reconstruirlo con frases que obedecen a las expectativas de otros oídos y de otros ojos es darle nueva vida. De esa manera, el texto se vuelve ahora más consciente de sus engranajes y de su deuda con el azar y el placer. Por eso elijo hablar aquí de traducción a partir de fragmentos que el propio original desatiende, o rechaza, o de los que se avergüenza; todo aquello que queda expuesto (como dice Don Quijote) en el caótico envés de un tapiz.» (Alberto Manguel).