Establecer límites claros es esencial para obtener un estilo de vida sano y balanceado.
¿Está su vida sin control?¿Siente que la gente le utiliza?¿Le es difícil decir que no? ¿Está desilusionado con Dios por falta de respuesta a sus oraciones? Un límite es una línea de propiedad personal que marca las cosas de las que somos responsables. En otras palabras, límites es lo que define quiénes somos o quienes no somos. Los límites afectan diferentes aspectos de nuestras vida:
Los límites físicos nos ayudan a determinar quién nos puede tocar y bajo que circunstancia.
Los límites mentales nos dan la libertad de tener ideas y opiniones propias.
Los límites emocionales nos ayudan a tratar con nuestras propias emociones y a librarnos de las emociones dañinas y manipuladoras de otros.
Los límites espirituales nos ayudan a distinguir entre la voluntad de Dios y la nuestra y nos dan temor de Dios.
Cuando la presencia del Espíritu Santo te alcanza, no te empuja...Te abraza. No te invade... Te habita. No te quiebra... Te restaura. Es una llama que arde, pero no se consume, una voz que guía, pero no grita, una compañía que consuela sin condiciones. Y cuando esa presencia entra, todo se ve desde una óptica distinta.
William Shakespeare es uno de los pilares fundamentales de la literatura universal. Pero ¿qué tiene su escritura para trascender más allá de los siglos?
En 1765, el gran crítico inglés Samuel Johnson abrió su edición de las obras de Shakespeare con este texto, un prefacio impecable que analiza cómo el autor capturó la esencia de la naturaleza humana, combinando tragedia y comedia, lo sublime y lo cotidiano, en un equilibrio único.
Atento a las implicaciones morales de las narrativas de Shakespeare, Johnson logró elevar el estatus de la propia literatura gracias a esta lectura esencial que nos recuerda por qué sus obras siguen siendo imprescindibles para entender nuestra propia humanidad.
Un libro ideal para adentrarse en la mente de uno de los mayores genios literarios de la historia.