La Sábana Santa, que se venera actualmente en la catedral de Turín, ha llegado a ser conocida mundialmente. La perennidad de este lienzo y las huellas del hombre que ostenta han suscitado desde hace más de un siglo un profundo anhelo por saber de quién se trata, y cómo y por qué se han formado esas huellas. Anhelo que se ha ido haciendo más vivo cuanto más a fondo se investiga y conforme se va comprobando su autenticidad. Este libro, que narra con detalle su trayectoria histórica y los estudios científicos realizados, fue publicado por primera vez con el título de Historia del Sudario de Cristo. El éxito que le acompañó hizo aconsejable reeditarlo, ya fallecida la autora, y ahora una vez más. Se ha tratado de respetar en lo posible el texto original, actualizado con los nuevos conocimientos sindonológicos y con numerosas fotos.
En las sociedades primitivas, las primeras normas se referían al uso de bienes y territorios, a la vida y a la integridad física. A medida que las sociedades se vuelven más complejas, surgen normas que rigen a toda la comunidad, su vida y sus relaciones. Nace así el primer embrión del derecho, y el deseo de que “el derecho a la fuerza” sea sustituido por “la fuerza del derecho”. El autor identifica cinco fases en la historia de los derechos de la persona: la teorización, codificación, internacionalización, universalización y globalización. El trasfondo individualista, en el que nace la teoría de los derechos subjetivos, justifica la posición inicial de la Iglesia católica. Se analizan también algunos debates sobre los derechos fundamentales y, en particular, la visión antropológica: solo si se acierta en esto ―defiende el autor― es posible el “desarrollo humano integral” y una sociedad mejor.
Friedrich Nietzsche (Rocken, 1844-Weimar, 1900) goza de un prestigio inusual, sólo comparable al alcanzado por Karl Marx y Sigmund Freud, los otros dos «maestros de la sospecha», al decir del hermeneuta Paul Ricoeur.
Pocos calificativos convienen mejor a su figura que el de filósofo trágico, en la medida que también lo fueron Epicuro, Lucrecio y Montaigne: un filósofo prendado de la vida, pero atrapado desde muy pronto en las redes del lenguaje, lo que le predispuso al rechazo del discurso tradicional, el lenguaje del todo, en favor del discurso fragmentado, el lenguaje de las partes.