Xi Jinping ha sido reelegido por unanimidad presidente de la República Popular y secretario general del Partido Comunista para un tercer mandato. Nadie acumula tanto poder desde Mao Zedong. ¿Cómo piensa y a qué aspira el líder supremo de la mayor dictadura del planeta?
Hijo de uno de los héroes de la guerra civil, Xi creció como vástago de la «nobleza roja», pero su padre cayó en desgracia y fue encarcelado. Él sufrió humillaciones públicas durante la Revolución Cultural y fue deportado al campo, donde vivió en cuevas y tuvo que convertirse en el más maoísta para sobrevivir. Se rechazó su entrada en el partido diez veces, hasta que fue aceptado en 1973 y logró prosperar.
Xi es hoy mucho más popular que sus predecesores y abandera un robusto nacionalismo. China está muy cerca de convertirse en la primera potencia mundial y su motor ideológico es el «pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era». Sin maniqueísmo, el libro de Stefan Aust y Adrian Geiges analiza en qué medida el «sueño chino» de Xi aspira tan solo a la prosperidad nacional o también al dominio mundial.
El autor cuenta en primera persona las operaciones que ha realizado desde mediados de los años 60, cuando terminó el servicio militar y fue reclutado para ser un agente de inteligencia. El protagonista es el mismo autor con diferentes nombres, según cada operación. Cuenta cómo ha participado en diferentes operaciones antiterroristas en la lucha contra ETA, cómo intentó convencer a miembros de ETA sin delitos de sangre para alejarles de la lucha armada, crearles una nueva identidad y enviarlos lejos de España.
Cómo se infiltró para conseguir información de alto nivel y evitar atentados. También cómo participó en una operación en el Vaticano para limpiar la corrupción de algunos cardenales y obispos.
Las memorias de Juan Alberto Belloch: un hombre excepcional inmerso en tiempos extraordinarios.
La influencia de su madre -mujer de carácter adelantada a su tiempo-, y de su padre -intelectual liberal de linaje republicano- forjaron en Juan Alberto Belloch el deseo de una independencia radical, donde el servicio a su país estuvo siempre por encima de intereses personales o riñas partidistas: primero como juez -uno de los más jóvenes de la naciente democracia- y más tarde al frente delos ministerios de Justicia e Interior, que ocupó en los últimos gobiernos de Felipe González, sin haber militado jamás en el PSOE.