Pocas escritoras de finales del siglo XX y principios del XXI han sido más leídas, han aunado tantos premios, crítica y lectores y han suscitado tal admiración y amor como Almudena Grandes. Lectora voraz, Almudena escribió para que su generación lograra ser tan moderna como lo había sido la de sus abuelas durante la Segunda República. Empeñada en recuperar las huellas de un pasado oculto por la dictadura, investigó, descubrió y ficcionó los márgenes de un país olvidado, haciendo de la memoria el eje central de su obra literaria y convirtiéndose en una rastreadora de personajes y de historias. Pero Almudena no solo tenía el secreto de la literatura, sino que supo acertar con la vida para mantener siempre la alegría intacta. Estas páginas son un viaje por los años y las palabras de una mujer comprometida con su tiempo, pero, sobre todo, con los libros.
Como otras autoras de su generación, Aroa Moreno Durán creció leyendo a Almudena Grandes y tuvo la gran suerte de conocerla. En este libro reivindica su memoria y su obra y, junto con Ana Jarén, le rinde un emocionado homenaje.
Glenis E. Féliz, es mercadóloga, con maestrías en comunicación estratégica, y máster en Ciencia Política para el Desarrollo Democrático. Fundadora del espacio de la ciencia Clase 3, tv, transmitido por 10 años consecutivos en televisión nacional y en Estados Unidos, Clase 03, SRL, productora cinematográfica y Yehara Group agencia de marketing y relaciones públicas. Desde el 2009 ha diversificado la comunicación,
donde inició como como articulista del periódico ElDia.com.do por más de 15 años, y otros medios digitales, maneja la plataforma de You Tube Clase 3Tv. Con el paso del tiempo y todas las ocupaciones, madre soltera tuvo muchos altibajos, pero encontró las fuerzas para ir transformando sus caídas en un camino de fe, sanación y propósito. Y este libro nació tras tocar fondo, inició un profundo proceso de reconstrucción interior que la llevó a reencontrarse con Dios y consigo misma.
Alineada nace de esa travesía: una invitación a soltar, sanar y volver a empezar desde la paz.
¿Le conocen por las maletas que se echa a cuestas? Probablemente lo hizo esta mañana. En algún punto entre su primer paso y el último para cruzar el umbral, usted tomó quipaje. Fue hasta el dispensador de maletas y cargó unos cuantos bolsos. Pero este dispensador no es la correa transportadora del aeropuerto. Es la de la mente. Y las valijas que tomamos no son de cuero, sino de cargas. La maleta de la culpa. El baúl del descontento. La mochila de la ansiedad y un bolso de tristezas colgado del hombro. Añádase un maletín de perfeccionismos, el saco de la soledad y la bolsa de lona del temor. No es raro que estemos tan cansados al final del día. ¿Hacia dónde podemos volvernos en busca de ayuda? ¿Qué le parece si consultamos a un viejo amigo, el Salmo Veitnitrés?