Un recorrido por los personajes femeninos de Jane Austen que, sin ahorrar defectos o debilidades, los contempla siempre desde el amor que merecen.
Si ha habido una novelista que haya amado a sus personajes, esa es Jane Austen. No les ahorra defectos ni debilidades, pero todo lo desvela desde el amor que todos ellos merecen. Sus personajes femeninos no son solo hermosas jóvenes casaderas, llenas de luz y de futuro, sino también madres entrometidas, vecinas chismosas, amigas fieles y amigas traidoras, muchachas atolondradas, institutrices, solteronas, aristócratas engreídas, etc. A través de sus confidencias, bailes, paseos o amoríos, muestran su interioridad con una hondura sorprendente.
Una mirada inteligente y bien elaborada sobre algunas de las más conocidas diosas griegas. Un análisis sobre su influencia en la cultura, el arte, la música y el cine de la actualidad.
Natalie Haynes regresa a la no ficción en este libro, que toca la historia de varias diosas griegas populares, explorando sus orígenes y contrastándolos con otros mitos que se conocen de ellas. Si bien sigue el formato de La jarra de pandora, en esta ocasión se enfoca mucho más en intentar que el lector empatice con las diosas y pueda sentirse identificado con ellas. Por ejemplo, la autora logra mostrarnos otro enfoque sobre Hera y Deméter, a pesar de que la cultura popular a veces nos las muestra de manera negativa, o destacar la importancia de Hestia.
Las mujeres de la Biblia vivieron historias atemporales. Al examinarlas, podemos comprender qué significa ser una mujer de fe.
Las personas no familiarizadas con las Escrituras suelen asumir que las mujeres tienen un papel pequeño y secundario en la Biblia, cuando de hecho fueron figuras centrales en numerosos relatos bíblicos. La valentía de la reina Esther fue lo que salvó a su pueblo entero en un momento histórico decisivo. La Biblia contiene guerreras, como Jael; juezas, como Deborah, y profetas, como Miriam. La primera persona que presenció la resurrección de Jesús fue María Magdalena, quien enseguida se convirtió en la primera evangelista cristiana, deseosa de compartir la noticia que cambiaría al mundo para siempre.