Este texto refleja el pensamiento que Bonhoeffer expuso en un curso sobre cristología, aunque textualmente no fueron estas sus palabras, porque el manuscrito original se ha perdido. Eberhard Bethge, partiendo de numerosos apuntes, ha logrado reconstruirlo y luego ha sido incluido en el tercer volumen de las Obras completas de Dietrich y Bonhoeffer. A través de una concentrada dedicación al tema central de la teología, en el curso de Bonhoeffer se creó una conciencia que no consideró como efímeros ni dejó de prestar atención a los hechos tumultuarios de aquel entonces, sino que, aun sin ocuparse expresamente de ellos, procuró en parte a los asisentes el gran aliento que iban a necesitar para todo lo que se avecinaba. En esta exposición el oyente (y seguramente pasara lo mismo a el lector) escribe una doble impresión: en primer lugar, la alegría de estudiar y escuchar la voz de los Padres, pero al mismo tiempo y sobre todo, se ve introducido en una búsqueda de Jesucristo que no puede ser sustituida por ninguna respuesta previamente dada. OTTO DUDZUS
Esta iniciación a la Cristología tiene la finalidad de facilitar a un amplio círculo de personas un mayor conocimiento de la maravillosa riqueza y profundidad del misterio de Cristo: la primera parte analiza su persona en cuanto hombre y en cuanto Dios. La segunda, su obra redentora. La centralidad de Jesucristo en la vida de todo cristiano hace muy conveniente la lectura y estudio de los fundamentos de la Cristología.
Jerusalén es, a la vez, la capital de un poder político, objetivo de mil batallas, conquistas y destrucciones a lo largo de los siglos, y la ciudad santa de tres religiones: el lugar destinado a ser el escenario del Juicio Final profetizado por el Apocalipsis. Simon Sebag Montefiore ha logrado el prodigio de evocar en estas páginas sus tres mil años de historia, contados a través de las vidas de quienes los protagonizaron, en una nómina que incluye reyes, políticos, conquistadores o profetas, de Salomón a Lawrence de Arabia, pasando por Abraham, Jesús o Mahoma, por Saladino, los cruzados, Suleimán el Magnífico o Winston Churchill, sin olvidar a la infinidad de hombres y mujeres comunes que han vivido, amado, sufrido o luchado en sus calles.