A los enemigos en el campo hay que hacerles la guerra sin cuartel hasta lograr su total exterminio, y como la actuación de ellos es facilitada por sus cómplices, encubridores y confidentes, con ellos hay que seguir idéntico sistema.' Son palabras de Eliseo Álvarez-Arenas, director general de la Guardia Civil en 1941. La guerra civil española, tradicionalmente delimitada entre los años 1936 y 1939, tuvo otro rostro: el de la guerra irregular, un enfrentamiento de características muy diferentes que además se prolongó hasta 1952. En este libro, Arnau Fernández Pasalodos se adentra en ella y en las dinámicas que determinaron el funcionamiento de la Benemérita durante el primer franquismo. Lo que se desprende es un retrato poliédrico de la brutalidad y la represión que se ejercieron, a todos los niveles, hacia los partisanos, sus colaboradores, las familias de ambos e incluso los civiles ajenos al conflicto. Pero al mismo tiempo este libro destaca otro aspecto que la historiografía ha dejado de lado: la auténtica realidad del guardia civil en la lucha antiguerrillera.
Cuanto más solemne y alta sea la cumbre que se quiere alcanzar, más divertidas y duras serán las caídas. Sobre todo si los alpinistas que quieren completar los 40.000 metros de la montaña más elevada del planeta son:
- Un médico que siempre está enfermo.
- Un guía experto en orientarse que siempre se pierde.
- Un lingüista que jamás entiende qué le dicen.
- Un animador desanimado. Un jefe a quien nadie (menos mal) hace caso. Y decenas de botellas de champán (con fines medicinales).
La felicidad se ejercita, se enseña y se aprende: este es el mensaje que promueve la denominada ciencia de la felicidad. Según esta, bastaría con aplicar sus técnicas para ser más productivos, saludables y crecer como personas. De hecho, sus promotores afirman, además, que la buena vida está al alcance de cualquiera. Algo similar ofrece la multimillonaria industria de la felicidad, que asegura tener las claves para que los individuos moldeen sus vidas a voluntad, transformen sus sentimientos negativos y saquen el mejor partido de sí mismos.
Pero ¿no estaremos, quizá, ante otra forma de convencernos de que el éxito y el fracaso, la salud y la enfermedad, la dicha y el sufrimiento son elecciones personales? ¿Y si la felicidad no fuese más que una mercancía y su búsqueda se hubiera convertido en un estilo de vida obsesivo y consumista? Más aún, ¿es posible que la felicidad, en su versión más tiránica y dictatorial, actúe hoy en día como una poderosa herramienta para controlar el modo de pensar, sentir y actuar de los ciudadanos en nombre de su propio bienestar?