Jean-Jacques Rousseau ha pasado a la posteridad como gran defensor de la bondad del hombre: el ser humano, viene a decirnos, es bueno por naturaleza y solo se corrompe cuando vive en sociedad.Los males, sin embargo, surgen de cierto tipo de sociedad: aquella en la que las personas no han podido elegir libremente su contrato social.Esta idea constituía un mensaje claro y directo en favor de la libertad y caló hondo en las mentes de los primeros revolucionarios franceses. Desde entonces ha avivado el debate sobre cómo gobernarnos y se ha erigido en una declaración fundamental para nuestras democracias.
«El hombre ha nacido libre, pero en todas partes se halla encadenado.»
Alessandro Scassellati analiza la crisis del neoliberalismo. Mediante la teoría del doble movimiento de Karl Polanyi nos percatamos de que la mercantilización extrema (tratar el trabajo, la tierra y el dinero como meras mercancías) genera un contramovimiento social de autoprotección, ya sea desde la izquierda o la derecha. Polanyi explicó así el auge del fascismo en el siglo XX como reacción a la desregulación liberal. Hoy, tras la crisis financiera de 2008, y décadas de globalización neoliberal, asistimos a un nuevo contramovimiento, cuando el neoliberalismo se ha vuelto mucho más feroz y guerrero, como se ve en las masacres de Ucrania y Gaza y en el control de pensamiento en la UE. Sin embargo, mientras la izquierda política lucha por articular una alternativa anticapitalista coherente, es la derecha nacionalista y populista la que está capitalizando el descontento, ofreciendo respuestas proteccionistas y xenófobas ante la inseguridad y el declive de las condiciones de vida. El resultado es el apuntalamiento de un sistema neoliberal cada vez más fascistizado.
Una pequeña grieta rompe la roca. Más allá de esa hendidura, un pasaje conduce al corazón de la montaña. La tenue luz del frontal danza donde antes reinaba la oscuridad absoluta. El recorrido se adentra cada vez más en las profundidades, siguiendo el surco excavado por un antiguo torrente que lleva hasta un lago negro. El espeleólogo se despoja del traje y el casco, toma aire y se sumerge. Al otro lado, siempre hay otro paso, una abertura que invita a continuar el viaje. No importa cuántas veces lo haya afrontado: el continente oscuro sigue seduciéndolo.
Francesco Sauro respondió a la llamada de la oscuridad y la roca desde niño, cuando buscaba cualquier fisura que le permitiera adentrarse en el corazón de la Tierra. Hoy, su mirada mezcla la pasión juvenil con el deseo científico. En El continente oscuro, Sauro combina relatos personales, historia, divulgación y mito con el pulso de la exploración real: en cada descenso, el levantamiento de la topografía, las huellas sonoras, la composición de la atmósfera y la antigüedad de unas morfologías primordiales dibujan para quienes permanecen en la superficie el mapa en continua evolución de un cosmos oculto que tiene sus puntos de acceso en las cuevas de las Dolomitas y en el Himalaya, entre las formaciones volcánicas de Lanzarote y los tepuyes de Venezuela.