La correspondencia entre el poeta Joan Brossa (Barcelona, 1919-1998) y el artista Antoni Tàpies (Barcelona, 1923-2012) conforma una documentación íntima excepcional que permite conocer la extensa e intensa relación de amistad y de colaboración entre dos de los grandes referentes de la vanguardia artística y literaria catalana de la segunda mitad del siglo XX.
En diciembre de 1950, después de haber inaugurado su primera exposición individual en Barcelona, Antoni Tàpies se iba a París, becado por el Instituto Francés. El 15 de diciembre de 1950 escribía a su amigo Joan Brossa para explicarle sus primeras impresiones de la ciudad y comentarle cómo de importante era para él su amistad.
Es la primera de las cartas que constituyen el epistolario entre los dos creadores formado por 32 documentos que van de 1950 a 1991. Las cartas son un rico testimonio de la fascinación por París, la atmósfera asfixiante del franquismo, el descubrimiento de la amistad y la admiración mutua en un momento clave de la evolución de la obra creativa del poeta y del pintor.
Considerado precursor del ecosocialismo y de las teorías del decrecimiento, el filósofo y periodista de la RDA Wolfgang Harich nadó a contracorriente del pensamiento oficial en los países del Este. Defendió desde el marxismo las tesis del Club de Roma sobre los límites del crecimiento, aunque su propuesta se basaba en plantear un comunismo decrecentista con un Estado fuerte, pues consideraba que la sociedad solo aceptaría restricciones al consumo de bienes mediante mecanismos coercitivos. Ambas corrientes tendieron a converger en las décadas posteriores, siendo la base del ecosocialismo –desde el ámbito más teórico al más activista– que ha llegado a nuestros días: interpretar el desarrollo del capitalismo como una Raubwirtschaft o economía de rapiña continuada y creciente para impulsar la acumulación de capital. Entendidos así, los movimientos sociales a menudo tienen un contenido ecológico al intentar resguardar los recursos naturales fuera de la economía mercantil, y colocarlos bajo control comunitario.
Comte concibió que las sociedades son sistemas organizados, cuyo un orden interno se corresponde con la etapa histórica que estas atraviesan. Así, el progreso para cada sistema organizado o sociedad lo determina ese orden y consistirá en adoptar los cambios que garanticen su reproducción y aquellos otros que aumenten su productividad y crecimiento. Además, supondrá reconducir las opiniones de los individuos y reprimir sus deseos para transformarlos en fuerza de trabajo productivo.
Manuel Martín Serrano, científico español de prestigio internacional, analiza en su Comte el conjunto de la obra del fundador de la sociología y muestra cómo en ella se anticipa tanto a la cibernética como al psicoanálisis. Con ello, el autor expone cómo Comte se adelantó más de dos siglos a los desarrollos actuales de ingeniería social, y cómo contribuyó a la deshumanización en las Ciencias Sociales.