Una obra revolucionaria, la historia de la evolución humana y animal más importante desde El origen de las especies de Darwin, por el más insigne de sus sucesores.¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?En una obra apasionante que culmina el trabajo de toda una vida, Edward O. Wilson plantea estas tres cuestiones fundamentales y demuestra que la religión, la filosofía y la reflexión no pueden dar respuestas por sí solas, y que la única forma realista de resolver el enigma de nuestra condición humana pasa por la erudición científica.El más insigne sucesor de Darwin rediseña la historia de la evolución y recurre a su vasto conocimiento de la biología y del comportamiento social para revelar cómo la «selección de grupo» puede ser el único modelo que explique el origen del hombre, su dominación y su posterior conquista del planeta. La crítica ha dicho... «Una explicación de gran envergadura acerca del ascenso humano a la dominación de la biosfera, redondeada con extensas reflexiones sobre el arte, la ética, la lengua y la religión.» The New York Times
Toda la obra de Alexis de Tocqueville (1805-1859) es una reflexión sobre la libertad o su ausencia, el despotismo. Tanto en La democracia en América (1835 y 1840), como en El Antiguo Régimen y la Revolución (1856), obra que dejó inacabada, explora la forma de conseguir que el régimen democrático posterior a 1789 sea tan igualitario como libre. Nadie como Tocqueville ha sabido defender la libertad y anunciar los peligros que pueden ir unidos a construir una democracia basada exclusivamente en la igualdad, el individualismo y el bienestar material. La democracia en América ha pasado de ser «el mejor libro nunca escrito sobre los Estados Unidos» a ser también «el mejor libro sobre la democracia». En esta edición crítica se reproducen notas, correspondencias, comentarios, variantes y fragmentos inéditos que ayudan a comprender mejor el pensamiento de Tocqueville y el complejo proceso de redacción del libro.
En su poética descripción de la utopía, Eduardo Galeano juega con la paradoja de que cuanto más nos intentamos acercar a su horizonte más se aleja ella de nosotros. ¿Para qué sirve, entonces? Para seguir caminando, concluye el escritor uruguayo. En La ética del paseante y otras razones para la esperanza, el término ética alude a un refugio del ser humano. Y la esperanza se construye con las manos de la memoria, porque todos somos paseantes de su territorio mientras avanzamos hacia nosotros mismos deambulando por cualquier lugar.En cierto modo, el cuerpo es al alma lo que las palabras son a las ideas, así que tal vez, como sostiene el autor de este interesante ensayo, haya que transitar un poco por el pasado para poder seguir avanzando hacia el futuro. El mejor antídoto contra la indolencia que algunos proponen y la indecencia que otros disponen reside en la incuestionable capacidad que tenemos para poder pasear sosegadamente sobre lo que fuimos, imaginando lo que seremos. Somos memoria y lenguaje, ilusión y conciencia, un sitio inquieto al que llegamos para seguir caminando. Y, por tanto, una esperanza cargada de razones ante la permanente disyuntiva de partir o partirse.