En 1507, cuando el cartógrafo Martin Waldseemüller publicó un mapa del mundo, denominó América a un nuevo continente, descubierto poco antes, en honor al navegante y explorador Américo Vespucio. El nombre hizo fortuna y años después se extendió al hemisferio norte de aquellas tierras, aunque no correspondía al de su auténtico descubridor y el propio Waldsemüller pensaba que había elegido mal el nombre. Ésta es la historia de esa curiosa denominación, y también la biografía de un maestro de la autopromoción. Nacido en 1454 en la Florencia de los Médicis, para los que trabajó en su juventud, Américo se trasladó a Sevilla en 1491. Fue amigo y rival de Cristóbal Colón, y colaboró en la segunda y tercera expediciones de éste a las Indias, antes de embarcarse él mismo por lo menos en dos ocasiones y de explorar la costa de lo que hoy es Brasil. El hombre que dio su nombre al Nuevo Mundo emerge en estas páginas como un acabado producto de una riquísima época: proxeneta, mago, aventurero, intrigante, hábil navegante (aunque no al principio), autor de deslumbrantes crónicas de viajes, siempre al tanto de los últimos avances científicos y capaz de apropiarse de honores inmerecidos. Fernández-Armesto, valiéndose de una cantidad ingente de fuentes y documentos, ha escrito la primera biografía de Vespucio que consigue distinguir la realidad de la leyenda.
Sin amigos nadie querría vivir, aunque tuviera todos los otros bienes», escribió Aristóteles. Sin embargo, si bien la amistad es desde tiempos inmemoriales una de las aspiraciones fundamentales de la vida, no solemos reflexionar sobre su naturaleza. ¿Cómo se hace un amigo? ¿Por qué algunas personas nos caen bien al instante? ¿Puede la amistad sobrevivir en la distancia? ¿Se aprende? ¿Es cultural? ¿Ha de ser recíproca? ¿Puede darse entre padres e hijos? ¿Cuándo y por qué se acaba? ¿Qué pasa cuando se mezcla con el deseo?
Dos amigos, el neurocientífico Mariano Sigman y el escritor Jacobo Bergareche, acudieron a la ciencia y la filosofía para explorar esas preguntas. Pero pronto sintieron que esa literatura no reflejaba la amplia diversidad de miradas sobre este tipo de relaciones, y convocaron entonces a personas de todo tipo y condición con las que conversaron en intimidad. Así, por estas páginas desfilan el octogenario presidente de un banco, un joven emigrante salvadoreño sin papeles, la directora de una residencia de ancianos, una actriz, un viticultor, una escritora y un colectivo de grafiteros. Entre todos ellos componen un fresco inmenso de aquello que llamamos «amistad».
Simone Weil fue una mujer de hondas convicciones, cuya profunda confianza en el ser humano la aproximó al misticismo. En ese mar de fondo nadan los textos recopilados en el presente volumen, dedicados a diseccionar conceptos como solidaridad, justicia o amistad... pues todos ellos son, según la filósofa, amor en sus distintas dimensiones. Y así, a través de un lenguaje por lo demás poético, sus páginas allanan nuestro camino hacia lo sublime.
El libro parte de las necesidades básicas que tienen el hombre y la mujer de ser amados y respetados. La esposa tiene la necesidad de sentirse amada y cuando se satisface esa necesidad, ella es feliz. El esposo tiene la necesidad sentirse respetado y cuando se satisface esa necesidad, él es feliz. Cuando cualquiera de estas necesidades no se satisfacen, las cosas se salen de control y el matrimonio comienza a tener conflictos.
Las historias de Ana de Tejas Verdes y del resto de habitantes de Avonlea podrían ser perfectamente reales. A lo largo de las novelas de Lucy Maud Montgomery descubrimos recetas de platos e ingredientes que se ciñen a un espacio y un tiempo concretos: la costa este de Canadá a finales del siglo XIX.
Disfruta de este libro, en cuyas páginas encontrarás las mejores recetas de Avonlea y entenderás el contexto histórico, por qué empleaban determinados ingredientes y por qué los cocinan de cierta manera en la granja de Tejas Verdes. ¡Qué aprovechen los platos y la lectura!
De Tácito no sabemos muchos datos biográficos importantes, más allá de algunos de los cargos políticos que ocupó en la administración imperial. Desconocemos fechas y lugares exactos de nacimiento y muerte e incluso se duda sobre su praenomen. Sin embargo, no hay prácticamente ninguna duda de que es uno de los historiadores fundamentales de la literatura latina, gracias sobre todo a dos obras que repasan la época imperial desde la muerte de Augusto: Anales e Historias.
Tras el primer volumen de Anales en la Biblioteca Clásica, que reunía los seis primeros libros de la obra, este segundo tomo recoge los libros XI-XVI, ya que los intermedios VII-X se perdieron por completo. Aquí Tácito narra, año tras año y con su brillante estilo analítico y contundente, el período que va del 47 al 66 d. C., es decir, buena parte de los reinados de Claudio y Nerón.