Como señalara Hernán Cortés, hubo un tiempo en que los españoles tenían a su alcance todo lo posible. Y lo posible en el siglo XVI no tenía nada que se le equiparase.
Pocas veces ha habido una época más rica que el Siglo de Oro español. El esplendor intelectual, la exuberancia vital, política, científica y mística fueron tan abundantes que tienden a caer en el olvido, más allá de nombres inevitables como Cervantes y Calderón, Lope y Góngora, fray Luis de León y Teresa de Ávila, por citar a unos pocos y traicionar a unos cientos.
Se diría que un periodo tan deslumbrante es inabarcable. Consciente de ello, Gregorio Luri opta por abordarlo desde una perspectiva arriesgada y original: siguiéndole el rastro a las manifestaciones del yo; un yo genuinamente español, que potencia la pasión frente a la razón; rastreando ese yo, en un país que se sueña eje del mundo y cuya lengua se crea y recrea con viveza.
Todo con la clara intención pedagógica de poner a disposición del lector español un patrimonio que le pertenece, al menos mientras nuestro Siglo de Oro no se nos convierta en un país extranjero cuya lengua nos resulte incomprensible.
Una obra que consigue despertar el entusiasmo de pasar horas entre los grandes.
Hay lugares que concentran el pulso del planeta. Hoy, ese lugar es una región inmensa que abarca desde las costas de África oriental hasta las islas del Pacífico, y que conecta a dos tercios de la humanidad. En sus aguas se cruzan las principales rutas comerciales, las mayores economías y las potencias militares más decisivas del siglo XXI. Allí se juega el destino político, económico y tecnológico del mundo.
Mientras Occidente duda y se repliega, el Indo-Pacífico avanza. China y la India compiten por la hegemonía regional, Japón y Australia rearman sus estrategias de defensa y Estados Unidos intenta conservar su influencia. En el corazón de esa lucha, los BRICS+ impulsan la desdolarización, la inteligencia artificial redefine la supremacía tecnológica y el comercio marítimo se convierte en el tablero donde se enfrentan las potencias del siglo XXI.
Vasili Grossman fue el primer verdadero disidente de la literatura soviética. Su decisiva obra, Vida y destino, expresa una concepción histórica, filosófica y teórica diametralmente opuesta a la ideología oficial. Pero su caso se distingue del de otros disidentes por dos motivos. El primero es que su libro, secuestrado por el KGB en 1960, sobrevivió sólo de milagro y no se publicó en Occidente hasta 1980, casi veinte años despúes de la muerte de su autor. El segundo es que Vida y destino es la obra de un hombre que durante años fue uno de los máximos representantes del realismo soviético. ¿Cómo se produjo esta metamorfosis, la transformación de un revolucionario fiel y convencido en adversario radical del poder soviético? Este ensayo de Shimon Márkish responde a esta pregunta.