Hay lugares que concentran el pulso del planeta. Hoy, ese lugar es una región inmensa que abarca desde las costas de África oriental hasta las islas del Pacífico, y que conecta a dos tercios de la humanidad. En sus aguas se cruzan las principales rutas comerciales, las mayores economías y las potencias militares más decisivas del siglo XXI. Allí se juega el destino político, económico y tecnológico del mundo.
Mientras Occidente duda y se repliega, el Indo-Pacífico avanza. China y la India compiten por la hegemonía regional, Japón y Australia rearman sus estrategias de defensa y Estados Unidos intenta conservar su influencia. En el corazón de esa lucha, los BRICS+ impulsan la desdolarización, la inteligencia artificial redefine la supremacía tecnológica y el comercio marítimo se convierte en el tablero donde se enfrentan las potencias del siglo XXI.
Vasili Grossman fue el primer verdadero disidente de la literatura soviética. Su decisiva obra, Vida y destino, expresa una concepción histórica, filosófica y teórica diametralmente opuesta a la ideología oficial. Pero su caso se distingue del de otros disidentes por dos motivos. El primero es que su libro, secuestrado por el KGB en 1960, sobrevivió sólo de milagro y no se publicó en Occidente hasta 1980, casi veinte años despúes de la muerte de su autor. El segundo es que Vida y destino es la obra de un hombre que durante años fue uno de los máximos representantes del realismo soviético. ¿Cómo se produjo esta metamorfosis, la transformación de un revolucionario fiel y convencido en adversario radical del poder soviético? Este ensayo de Shimon Márkish responde a esta pregunta.
España se cuenta también desde los muros de sus castillos y fortalezas: entra y escucha lo que la piedra aún recuerda.
Los castillos que jalonan nuestra geografía son una fotografía apasionante del pasado revelada en piedra. Su memoria persiste, y las leyendas también. En un tiempo fueron lugar de fiestas pantagruélicas, abrigo de niños correteando por sus pasillos, temibles mazmorras para el enemigo, fortalezas preparadas para la batalla o lugares de descanso imperial.
Los personajes que aparecen en estas páginas insuflaron a los castillos un espíritu que aún sobrevive. Isabel I sigue saliendo todos los días del Salón de Reyes del alcázar segoviano camino a su coronación, Eugenia de Montijo continúa transformando Belmonte en un palacio francés cual chiquilla caprichosa, y aún se oyen los lloros infantiles de la pequeña Constanza de Aragón, encerrada en la ciudadela de Villena, esperando que el infante don Juan Manuel la despose. Son historia de España, de sus guerras, de sus vicisitudes, de sus derrotas y de sus victorias.