Vivimos convencidos de que, en todas las situaciones de la vida, reaccionamos directamente a los acontecimientos. Sin embargo, para los filósofos estoicos esto es pura ilusión: en realidad reaccionamos a nuestros juicios y opiniones, a lo que pensamos de las cosas, no a las cosas en sí. El estoico practicante ha de estar decidido a tomar conciencia de esos juicios, a descubrir su irracionalidad, y a elegir con más cuidado lo que piensa.
Nuevo pensamiento
El hombre es presencia y voluntad en el mundo material: una esencia que absorbe conceptos para forjar una conciencia de evolución dimensional. En el flujo del día a día, sus acciones y pensamientos generan la fluidez necesaria para digerir la realidad, moldeando su conciencia hasta alcanzar la madurez intelectual y espiritual.
Desde el momento en que existe, el ser humano está sujeto a movimientos naturales que lo impulsan a evolucionar en cuatro dimensiones fundamentales: la material, la emocional, la intelectual y la espiritual. Cada una posee sus propios valores y estimula un campo de desarrollo específico: la tecnología, el arte, la ciencia y la espiritualidad. Bajo esta premisa, el hombre es materia, psique, intelecto y espíritu; componentes que le permiten dar forma a sus propios mundos, pues nadie puede percibir un concepto que no forme parte de su conciencia, ni alcanzar una dimensión que le sea ajena.
El historiador francés Yves Pourcher, ganador del prestigioso Premio Jules Michelet, ha exhumado archivos y bibliotecas, ha revisado los testimonios y la correspondencia que revelan cómo fue la posguerra de los colaboracionistas, sus jefes y sus subordinados, las celebridades y los personajes anónimos.