Un erudito y entretenido viaje por la historia antigua que revela cómo Grecia, Roma y los judíos se entrelazan en el surgimiento del cristianismo.
Con una claridad extraordinaria y una erudición deslumbrante, Juan Esteban Constaín reconstruye el escenario donde surgió la religión que cambió para siempre el rumbo de la humanidad. Grecia, Roma y el judaísmo del Segundo Templo se encuentran aquí como pocas veces en un ensayo contemporáneo y dialogan con rigor, con gracia, con un humor que ilumina y con la rara capacidad de convertir siglos de historia en una lectura vertiginosa y fascinante.
De la leyenda de Rómulo y Remo al imperio de Augusto, de la expansión helenística tras Alejandro al conflicto entre los macabeos y los seléucidas, del choque entre paganos y judíos a la figura irrepetible de Jesús, este libro excepcional guía al lector por los reinos, las guerras, los mitos, los manuscritos y los hallazgos arqueológicos que explican por qué el cristianismo primitivo no fue un accidente sino la consecuencia natural -y asombrosa- del encuentro entre pueblos, lenguas y creencias.
Un viaje fascinante en busca de la sabiduría que albergan los monasterios benedictinos.
Una mañana de abril de 2017, durante una expedición a los montes Sibilinos –uno de los rincones de los Apeninos más afectados por el devastador terremoto ocurrido un año antes–, el escritor y periodista Paolo Rumiz se topa, en medio de las ruinas, con una estatua de Benito de Nursia señalando un punto entre el cielo y la tierra. Como en una epifanía, la estatua le revela una verdad deslumbrante: la clave de la reconstrucción de Europa tiene que estar en aplicar el ejemplo del santo que salvó al continente tras la caída del Imperio romano.
La última matanza que faltaba por contar de la Guerra Civil.
Miseria, heroicidad, picardía y crudeza forman parte de una historia que hasta hoy no se había abordado de manera profunda: la de los nobles españoles que fueron perseguidos durante la Segunda República y luego masacrados en la Guerra Civil. Más de un centenar de titulados desaparecieron, unos asesinados y otros caídos en combate, en lo que supuso la mayor desaparición de un estamento en toda la edad contemporánea española. Los aristócratas, aún tambaleantes tras las expropiaciones de tierras de la república, cuyos políticos de izquierda hablaban de ellos como la «desaparecida grandeza», lo vivieron como el fin de su mundo, de la civilización misma. Un holocausto que ni siquiera terminó con el ascenso del franquismo, que mantuvo a los aristócratas congelados en una posición ambigua e incómoda.
En el ochenta aniversario del inicio del conflicto, el historiador Alejandro Espejo Fernández firma, con documentos inéditos, una narración emocionante y dura sobre una tragedia que se llevó por delante a aristócratas tan señeros como el hermano del duque de Alba, el marqués de San Fernando o el de Squilache, primo este último de Alfonso XIII.
«Después de los ríos de tinta que se han derramado sobre la Guerra Civil, apenas nadie había tratado el delicado tema de cómo esta afectó a los nobles. Este libro deja clara la entrega de este grupo tan minoritario y selecto».