Una reflexión profunda sobre el poder de la emancipación humana.
Eros y civilización parte de la tesis sustentada por Freud –particularmente en El malestar de la cultura - de que la civilización necesita una rígida restricción del «principio del placer». Pero basándose en las posibilidades de la civilización llegada a madurez, Herbert Marcuse aduce que la existencia misma de esta depende de la abolición gradual de todo lo que constriña las tendencias instintivas del hombre. Sin embargo, Marcuse defiende que los logros alcanzados por las culturas occidentales han creado ya los prerrequisitos para el surgimiento de una civilización no represiva pero, ¿de qué depende que nos liberemos de las cadenas que constriñen nuestros deseos?.
Cuando Felipe II encomendó en 1567 el gobierno de los Países Bajos a Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba, el experimentado militar, de sesenta años de edad, se puso en camino hacia Bruselas con un cometido claro: castigar a los rebeldes que se habían alzado contra el rey el año anterior, perseguir la herejía protestante y modernizar las finanzas del país. Alba tuvo que bregar con burgomaestres y abades díscolos, con una población que observaba con temor a los soldados españoles veteranos llegados con el duque, y con las incursiones de los mendigos del mar, piratas empleados por Guillermo de Orange, el principal líder de los rebeldes huidos al extranjero. El descontento de la población ante las políticas defensivas y fiscales del duque de Alba se agravó por una serie de catástrofes naturales en forma de inundaciones y malas cosechas, y desembocó en 1572 en la revuelta masiva de Flandes desencadenada por la conquista de la ciudad holandesa de Briel el 1 de abril de aquel año por los mendigos del mar. La rebelión se extendió con rapidez de norte a sur de los Países Bajos y enfrentó a Alba al mayor desafío con el que se había topado hasta ese momento.
La complejidad del mundo contemporáneo es abrumadora. Se nos exige una opinión sobre las vacunas, el cambio climático, la inteligencia artificial o los conflictos internacionales, a menudo sin contar con información suficiente para emitir un juicio. Y, al mismo tiempo, nos cruzamos con personas cuyos valores contradicen frontalmente los nuestros. ¿Cómo evitar tanto la parálisis de la duda como el refugio en certezas dogmáticas? El escepticismo filosófico, lejos de ser una postura negativa o destructiva, nos ofrece un camino sorprendentemente útil para navegar estas aguas turbulentas. Maria Lorenza Chiesara recupera la sabiduría de Sexto Empírico, el médico-filósofo del siglo II d. C., para mostrarnos cómo la suspensión del juicio sobre aquello que no podemos conocer con certeza nos conduce, paradójicamente, hacia una vida más serena, tolerante y equilibrada. A través de siete lecciones accesibles y profundas, este libro nos enseña a distinguir entre las cosas "aparentes" y las "oscuras", a manejar la ansiedad producida por la incertidumbre, y a apreciar el valor de un pensamiento que permanece abierto y en constante indagación. Una invitación a ejercitar la duda como método para pensar con claridad y actuar con sensatez en tiempos donde la sobrecarga informativa y el extremismo son una amenaza constante a nuestra paz mental y social.