El gran historiador Richard Overy explora en este iluminador ensayo las causas y motivos que se ocultan tras uno de los fenómenos presentes en todos los tiempos y en todas las sociedades humanas: la guerra. Partiendo del intercambio de ideas que sobre este asunto mantuvieron Sigmund Freud y Albert Einstein en los años treinta, Overy focaliza el origen de la agresividad y el recurso a la violencia en dos posibles puntos de partida: el individuo y la sociedad. Si es cierto que la violencia está inscrita en nuestros genes o si, como postulaba Freud, existe un instinto de muerte enraizado en nuestro inconsciente, las perspectivas de acabar con las guerras son escasas. En cambio, si como pensaba Einstein, la guerra no es algo natural y el origen de esta tiene más que ver con la lucha de las sociedades por el poder, los recursos o la seguridad, ¿cabe aspirar a una futura resolución pacífica de los conflictos? En este absorbente ensayo su autor, uno de los mayores conocedores de la historia militar del siglo xx, nos conduce desde el Neolítico hasta la actual guerra en Ucrania, compara la belicosidad de algunos grupos tribales con la que experimentamos en las modernas sociedades industriales e ilumina aspectos poco conocidos de personajes como Julio César, Napoleón o Hitler.
Seamos niños o adultos, constantemente se nos pide que obedezcamos. Pero ¿para qué, con qué objeto? ¿Cuándo obedecer nos salva y cuándo nos atrapa? ¿Cuándo nos protege de lo peor ... o nos priva de lo mejor? ¿Nos da espacio o nos inmoviliza? ¿Cómo se produce el deslizamiento entre el hecho de estar obligados a obedecer ( en espacios abiertamente disciplinarios) y el de ser libres para obedecer ( en los espacios ''normales'' del comercio y de la comunicación)? Este texto luminoso nos ofrece algunas respuestas.
Tolstói se pasó la vida llorando: por su perro, por un poema o por su infancia perdida. Este es un libro juguetón, emocionante, puro deleite literario, puro fenómeno fan.
De pequeño, el célebre escritor ruso Lev Tolstói tenía «una facilidad indecente para el llanto». Pero, mientras que sus contemporáneos aprendieron a contener las lágrimas al hacerse mayores, Tolstói nunca dejó de llorar. Lloraba de dolor, de emoción, de alegría, de impotencia… Este libro es un homenaje al Tolstói que siempre optó por vivir lo mejor y lo peor de este mundo con esa intensidad que induce al llanto. Las lágrimas de Tolstói nos abren una ventana por la que comprender a uno de los mayores artistas del siglo XIX, y hacen que nos preguntemos: ¿a qué viene este empeño nuestro por dejar de llorar? En este collage de momentos reales y ficticios, perfilado con deliciosas ilustraciones, Katia Gushina nos invita a asomarnos al alma más o menos secreta de un gigante de la literatura.