Fotografías fijas comienza con la imagen de una niña taciturna que en 1939, a los cinco años, deja atrás Praga en tren, con los rascacielos de Nueva York en el horizonte. A pesar de su escepticismo hacia las autobiografías al uso, en este libro Janet Malcolm dirigió su atenta mirada hacia su propia vida a traves de las fotografías y de las memorias que estas le evocaban. Sus primeros amores caprichosos, su fascinación por lo que podía significar ser una "chica mala" y las veladas en la vieja MetropolitanOpera House son algunas de las piezas que componen este retrato íntimo de una infancia neoyorquina que nunca perdió de vista el influjo de Europa. El libro profundiza tambien en su matrimonio con Gardner Botsford, en el círculo de TheNew Yorker y en el juicio por difamación que la llevó al banquillo y a convertirse en personaje de su propio drama.
La primera vez que Manuela Carmena apareció en televisión en 1981 todavía era una desconocida abogada que acababa de convertirse en jueza. Más de treinta años después, era la alcaldesa de Madrid. Aquella entrevista, donde dibujó una justicia más humana y accesible, fue el preludio de una vida dedicada a desafiar lo establecido.
Desde sus primeros pasos como abogada en un despacho laboralista durante la Transición hasta su marcha de la política en 2019, Carmena repasa con honestidad los momentos más importantes de su vida con la sencillez de quien no necesita adornar su mensaje.
Su firme batalla contra la corrupción —a veces protagonizada por sus propios compañeros del juzgado— o su esfuerzo por acercar la justicia a quienes más la necesitaban son algunas de las historias que vertebran estas memorias. Un testimonio que invita a reflexionar sobre el pasado y a soñar con un futuro en el que las instituciones estén verdaderamente al servicio de las personas.
Óscar Calavia se mueve con maestría entre las fuentes directas para aportar su particular visión crítica del Imperio español en América, huyendo al mismo tiempo de la imperiofilia y de la caricatura. Este libro se escribe —nos dice— porque reducir el pasado a la contabilidad de hazañas y fechorías es un modo de desperdiciarlo.