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INQUISICION Y CRIPTOJUDAISMO

¿Qué significaban los criptojudíos para la Iglesia y para el pueblo español, y qué significaban para los judíos mismos, los que vivían en libertad fuera de la Península ibérica? ¿Cómo y por qué empezó el fenómeno criptojudío en España? Hubo en la última época de la persecución del judaísmo secreto en España unas mil quinientas víctimas judaizantes —dejando aparte los bígamos, fornicantes y otros— de la Inquisición durante los primeros cincuenta años del siglo XVIII. Siendo además estos los que sufrieron el mayor rigor a manos del Santo Oficio. El judaizante era el único, con rarísimas excepciones, que sufría la muerte en la hoguera. El historiador Michael Alpert, examinando minuciosamente las declaraciones de los reos y los testigos de los tribunales inquisitoriales de Toledo y Cuenca, ha ido reconstruyendo el día a día de estos judaizantes, describiendo en esta obra cómo fue el fenómeno del judaísmo secreto en las circunstancias españolas. «La peculiar naturaleza de la historia de España y Portugal hizo que la Inquisición tuviera más arraigo y duración que en otras partes. La alianza del poder civil y la Iglesia en la Península era tan íntima que en España fue precisa una tercera revolución liberal para abolir el Santo Oficio».
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INSERVIBLES. RESISTENCIA A LA VIOLENCIA

Una parte destacada del canon de la filosofía occidental ha defendido la esclavitud, o sea, la forma más brutal de dominación, probablemente porque, con excepciones, quienes gozan de prestigio en la historia del pensamiento son hombres ricos y violentos. La lista arranca en la Antigüedad y acaba en los hornos crematorios nazis, pasando, entre otros lugares, por las plantaciones estadounidenses. Sócrates, Platón, Jenofonte o Aristóteles fueron propietarios de esclavos y escribieron tratados para adiestrarlos junto con los animales. Hobbes y Locke se enriquecieron con la colonización del «Nuevo Mundo» y el comercio transatlántico de esclavos. Schmitt, Heidegger y Jünger teorizaron acerca de una política explotadora y de la aniquilación total. Ochenta años después de Auschwitz, las cuestiones esenciales que circunvalan toda lucha por la libertad desde la acumulación originaria siguen vigentes: ¿qué condiciones concretas precipitan la violencia más extrema del poder? ¿Cómo de inminente es la amenaza? Quizás no estemos tan lejos, si atendemos a los profetas de la policía, la guerra y la esclavitud, cuyo eco no deja de resonar. Tienen los púlpitos más relucientes y las tribunas más prestigiosas para que el liberalismo colonialista, un proyecto siempre en crisis, siempre en crecimiento, siempre exitoso, pueda seguir arrimando el ascua a su sardina de forma implacable. La matriz de su triada primigenia, indisoluble e irreformable, permanece inalterada en el corazón mismo de su proyecto capitalista desde hace cinco siglos: una policía que nunca será democrática, una guerra moderna que jamás será justa, y una violencia política extrema contra las clases subalternas siempre injustificable.
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INSOBORNABLE. VIDA DE GAZIEL

Aunque Josep Pla dijera que Agustí Calvet (1887-1964), más conocido por el seudónimo de Gaziel, había sido 'la figura más señera del periodismo peninsular durante casi un cuarto de siglo', Josep Benet llegó a la conclusión de que era, también, 'uno de los personajes peor conocidos, incomprendidos y más difamados' del siglo XX catalán. Ambos juicios son ciertos, pues no es exagerado decir que Gaziel llegó a ser el mejor periodista no solo de Cataluña, sino de toda España, ni tampoco lo es afirmar que durante las últimas décadas ha sido una de las personalidades más injustamente juzgadas por un sector de la cultura catalana. Esta biografía -la primera que se publica en castellano sobre su figura- es un intento de reconstruir la compleja trayectoria vital y profesional de un intelectual que, según sus propias palabras, 'a pesar de su profunda catalanidad, de la que está muy satisfecho, siempre ha tenido la manía de rebasar sus límites originarios. España le interesa más que Cataluña, la Península Ibérica más que España, Europa más que la Península Ibérica, y por encima de todo, lo humano de Terencio, la Humanidad'. Un hombre al que sus lectores amaban porque sabían que, siendo falible, era, por encimade todo, insobornable.
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